¿Vale la pena estudiar las escrituras?
El fruto de alimentar el alma con la Palabra de Dios
Conferencia espiritual
Una pregunta honesta
¿Vale la pena dedicar tiempo a leer y estudiar la Palabra de Dios? Tal vez te lo has preguntado alguna vez, dudando si valdría la pena el esfuerzo. La respuesta es un sí rotundo, y hoy queremos ver los frutos concretos que da en la vida el alimentarse de la Palabra. Porque el que conoce a Dios y su Palabra no vive igual que el que no los conoce.
1 Juan 2:14
Os he escrito a vosotros, padres, porque conocéis al que es desde el principio. Os he escrito a vosotros, jóvenes, porque sois fuertes, y la palabra de Dios permanece en vosotros, y habéis vencido al maligno.
La Escritura habla de tres niveles en la vida espiritual: hijitos, jóvenes y padres. Esos niveles dependen del conocimiento de Dios y de su Palabra. Por eso es tan importante dedicar tiempo a leer y estudiar la Palabra: para crecer, para pasar de la infancia espiritual a la madurez. No se trata de cuántos años llevamos en el camino, sino de cuánto hemos crecido en el conocimiento del Señor. Veamos qué frutos da en la vida el estudio de la Escritura.
¿Dedicas tiempo a alimentar tu alma con la Palabra, o esperas crecer sin alimentarte?
Nos hace fuertes en Cristo
El primer fruto es la fortaleza espiritual. Los jóvenes de los que habla la Escritura habían dejado de ser hijitos para volverse fuertes en Cristo, porque la Palabra permanecía en ellos. No es un conocimiento que ocupa un rincón de la memoria, sino una Palabra arraigada en lo profundo del corazón, que se vive y da fuerza.
Santiago 1:22
Pero sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos a vosotros mismos.
La fortaleza espiritual no viene por casualidad ni por los años, sino por conocer al Señor y su Palabra, y vivirla. El que solo escucha pero no practica se engaña a sí mismo; el que se vuelve hacedor de la Palabra crece firme. El raquitismo espiritual, los fracasos repetidos, la debilidad ante la tentación, muchas veces son fruto de la falta de alimento. Como el cuerpo necesita comer para tener fuerzas, el alma necesita la Palabra. Aliméntate de ella y serás fuerte en Cristo, capaz de vencer lo que antes te vencía.
¿Te sientes fuerte espiritualmente, o débil por falta de alimentarte de la Palabra?
Nos da seguridad de la salvación
Otro fruto del estudio de la Palabra es la seguridad. Hay creyentes que, tras muchos años, todavía dudan de su salvación; cuando se les pregunta si son salvos, responden con inseguridad: no sé, creo que sí. Esa duda nace de la falta de conocimiento, porque la seguridad se funda en conocer al Señor y sus promesas.
1 Juan 5:13
Estas cosas os he escrito a vosotros que creéis en el nombre del Hijo de Dios, para que sepáis que tenéis vida eterna, y para que creáis en el nombre del Hijo de Dios.
Dios escribió su Palabra justamente para que sepamos que tenemos vida eterna. La inseguridad viene cuando dejamos parte de la mente sin llenar de la Palabra, y esa parte vacía duda. Nadie puede estar seguro pensando solo humanamente; la seguridad viene de conocer las promesas de Dios y creerlas. El que se alimenta de la Palabra deja de vivir en la duda y descansa en la certeza del amor de Dios. Si quieres vivir seguro de tu salvación, conoce más a fondo a Aquel que te salvó.
¿Vives seguro del amor y la salvación de Dios, o la duda te asalta por falta de conocerlo?
Nos enseña a orar con confianza
El que conoce la Palabra aprende a orar con confianza, porque conoce las promesas de Dios y su voluntad. De nada nos sirven las innumerables promesas de la Escritura si no las conocemos para apoyarnos en ellas. El conocimiento de la Palabra alimenta una oración segura y confiada.
Juan 15:7
Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid todo lo que queréis, y os será hecho.
La promesa está ligada a una condición: que sus palabras permanezcan en nosotros. Y la Palabra permanece cuando la leemos, la estudiamos, la meditamos. El que conoce la voluntad de Dios a través de su Palabra aprende a orar conforme a esa voluntad, y ora con confianza, sabiendo que Dios escucha. La oración del que conoce a Dios no es un disparo a ciegas, sino una conversación confiada con un Padre cuyo corazón conoce. Aliméntate de la Palabra, y tu oración será más profunda y segura.
¿Tu oración nace del conocimiento de la voluntad de Dios, o oras sin conocer sus promesas?
Nos guía en las decisiones
La Palabra de Dios es luz para el camino, y nos guía en las muchas decisiones que debemos tomar. Para quien no conoce al Señor, cualquier problema parece un obstáculo insalvable; pero el que conoce la Palabra sabe en quién confía al decidir y al enfrentar las dificultades.
Salmos 119:105
Lámpara es a mis pies tu palabra, y lumbrera a mi camino.
La Palabra ilumina el camino y orienta nuestras decisiones. Es mejor prepararnos en las cosas de Dios por anticipado que esperar a estar en medio de la crisis para recién buscar dirección. No se puede dar lo que no se tiene, ni sacar luz de donde no la hemos guardado. Si cada día nos llenamos de la Palabra, tendremos luz para los caminos del futuro. El que se alimenta de la Escritura no camina a tientas; lleva una lámpara que alumbra cada paso. Llena hoy tu corazón de la Palabra, y mañana sabrás por dónde andar.
¿Buscas en la Palabra la luz para tus decisiones, o caminas a tientas según tu solo parecer?
Nos llena de gozo y de paz, y nos prepara para dar razón de la fe
El que se alimenta de la Palabra y del Espíritu se llena de gozo y de paz, aun en medio de un mundo lleno de problemas. Y, además, queda preparado para dar razón de su fe a quien se lo pida, para compartir con otros la esperanza que lleva dentro. El conocimiento de Dios da gozo por dentro y capacidad para testificar por fuera.
1 Pedro 3:15
Sino santificad a Dios el Señor en vuestros corazones, y estad siempre preparados para presentar defensa con mansedumbre y reverencia ante todo el que os demande razón de la esperanza que hay en vosotros.
El gozo y la paz del creyente no dependen de que falten los problemas, sino de estar llenos del Señor y de su Palabra. Y el que conoce a Dios puede responder con mansedumbre a quien pregunta, compartir su fe, acercar a otros a Cristo. Todos queremos llevar fruto y que otros conozcan al Señor, pero eso es difícil si no conocemos a fondo a Aquel que queremos presentar. Aliméntate de la Palabra, y tendrás gozo y paz por dentro, y palabra para dar a otros por fuera.
El Libro de Urantia — 130:3.5
La verdad es el alimento que nutre el alma, así como el pan nutre el cuerpo. Quien se alimenta de la verdad de Dios crece fuerte, hallа paz interior y se vuelve capaz de iluminar a otros; pero la verdad debe vivirse, no solo conocerse.
La verdad de Dios es alimento para el alma, como el pan lo es para el cuerpo. El que se nutre de ella crece fuerte, halla paz interior y puede iluminar a otros. Pero hay una advertencia: la verdad debe vivirse, no solo conocerse. No basta acumular conocimiento en la mente; hay que dejar que transforme la vida. El estudio de la Palabra da fruto cuando lo que aprendemos lo ponemos por obra. Así, el conocimiento se vuelve sabiduría, y la sabiduría, vida.
¿Dejas que la Palabra que estudias se vuelva vida, o solo acumulas conocimiento en la mente?
Conclusión: sí, vale la pena
¿Vale la pena estudiar las Escrituras? Sin duda. La Palabra nos hace fuertes en Cristo, nos da seguridad de la salvación, nos enseña a orar con confianza, nos guía en las decisiones, nos llena de gozo y de paz, y nos prepara para dar razón de nuestra fe. La verdad de Dios es alimento para el alma: el que se nutre de ella crece, y el que la descuida languidece.
El que medita en la Palabra de día y de noche es como árbol plantado junto a corrientes de agua, que da su fruto a su tiempo. Lamentablemente, muchos están demasiado ocupados para dedicarle tiempo al Señor y a su Palabra. Pero el tiempo más importante del día es el que dedicamos a Dios, porque durante el resto del día recogemos su fruto. Aliméntate cada día de la Palabra, vívela, ponla por obra, y verás crecer en ti la fortaleza, la seguridad, la guía, el gozo y la paz. Bienaventurados los que oyen la Palabra de Dios y la guardan.
Sí vale la pena: la Palabra de Dios es alimento del alma; nútrete de ella cada día, y vívela.