Amor y Gracia

La gracia nos da libertad para amar y obedecer, no para el libertinaje

 

Conferencia espiritual

 

El amor y la gracia, bien entendidos

No hay amor más grande que el de Dios, ni gracia mayor que la que Cristo mostró en la cruz, dándonos salvación y vida. Está bien predicar del amor y la gracia. El problema surge cuando se malentienden, y se usa el amor de Dios como pretexto para el libertinaje, como si la gracia nos diera permiso para hacer lo que nos plazca. Es cierto que Cristo nos dio libertad, pero no para vivir sin freno, sino para vivir en el amor.

1 Pedro 4:8-10

Y ante todo, tened entre vosotros ferviente amor; porque el amor cubrirá multitud de pecados. Hospedaos los unos a los otros sin murmuraciones. Cada uno según el don que ha recibido, minístrelo a los otros, como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios.

El amor cubre multitud de pecados, sí, pero ese amor se traduce en servir a los demás, en hospedar sin murmurar, en administrar bien los dones de Dios. La gracia no es licencia para el desorden, sino capacidad para amar y obedecer. De eso queremos hablar: de entender bien el amor y la gracia, para vivir conforme a la voluntad de Dios y no según nuestros caprichos.

¿Entiendes la gracia como permiso para hacer lo que quieras, o como fuerza para amar y obedecer?

La gracia nos da una vida nueva

Vivir bajo la gracia significa haber recibido una vida nueva. No es seguir igual que antes amparados en que Dios perdona, sino dejar que su gracia nos transforme. El que de verdad recibió la gracia se despoja del viejo modo de vivir y se reviste del nuevo, según la justicia y la santidad.

Efesios 4:22-24

En cuanto a la pasada manera de vivir, despojaos del viejo hombre, que está viciado conforme a los deseos engañosos, y renovaos en el espíritu de vuestra mente, y vestíos del nuevo hombre, creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad.

La gracia no nos deja como estábamos; nos renueva. El que dice vivir bajo la gracia pero sigue atado a los mismos deseos engañosos, no ha entendido lo que la gracia hace. La verdadera gracia transforma la mente y la manera de vivir. No te conformes con un perdón que no cambia nada; deja que la gracia te renueve de verdad. El que se reviste del nuevo hombre vive distinto, no por obligación, sino porque la gracia obró en él. La gracia que de verdad recibimos siempre nos transforma.

¿La gracia te ha dejado igual que antes, o te ha renovado de verdad la manera de vivir?

¿Dios solo me ama, o también me creó?

El malentendido sobre la gracia muchas veces nace de cómo vemos nuestra relación con Dios. Algunos parten solo de Dios me ama, y concluyen que, como me ama, puedo hacer lo que quiera, porque su amor lo cubrirá todo. Pero el que piensa así no reconoce a Dios como su Creador, con autoridad sobre su vida.

Hechos 17:24-25

El Dios que hizo el mundo y todas las cosas que en él hay, siendo Señor del cielo y de la tierra, no habita en templos hechos por manos humanas, ni es honrado por manos de hombres, como si necesitase de algo; pues él es quien da a todos vida y aliento y todas las cosas.

El verdadero creyente no parte solo de Dios me ama, sino también de Dios me creó. Y como me creó, tiene autoridad para guiarme, corregirme y enseñarme, por amor. Reconocer a Dios como Creador no quita su amor; lo completa. Un padre que ama de verdad no deja que su hijo haga cualquier cosa; lo guía porque lo ama. Así es Dios: nos ama y, por amor, nos da límites que son para nuestro bien. El que reconoce a Dios como Padre y Creador entiende que su amor y su guía van juntos, y no usa la gracia como excusa para el desorden.

¿Reconoces a Dios solo como quien te ama, o también como tu Creador que te guía por amor?

En la cruz se unen el amor y la justicia

En la cruz no se manifestó solo el amor de Dios, sino también su justicia. Cristo, por amor, se entregó; y a la vez satisfizo la justicia divina. El amor y la justicia de Dios no se oponen: se encuentran en la cruz. Por eso la gracia no anula la justicia, sino que nos reconcilia con un Dios que es amor y es justo a la vez.

Romanos 5:8

Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros.

La cruz nos habla de un amor inmenso, pero no de un amor que ignora el bien y el mal. Dios nos ama tanto que no nos deja como estamos, sino que nos llama a la reconciliación y a una vida nueva. Por eso, entender la gracia es entender que el amor de Dios nos transforma y nos llama a vivir bien, no que nos deja vivir como si nada importara. El que comprende la cruz no la usa como excusa para pecar, sino como motivo para amar y vivir en santidad. El amor y la justicia de Dios, unidos en la cruz, nos llaman a una vida nueva.

¿Ves en la cruz una excusa para vivir como quieras, o un llamado a una vida nueva?

Libres para cumplir, con gozo y no por obligación

La gracia no abolió todo lo que Dios pide; lo que hizo fue cambiar el motivo: ya no obedecemos por obligación o por miedo, sino por amor y con gozo. Jesús dijo que no vino a abolir, sino a cumplir; y la gracia nos da la libertad de cumplir la voluntad de Dios con alegría, como hijos, no como esclavos.

Mateo 5:17

No penséis que he venido para abrogar la ley o los profetas; no he venido para abrogar, sino para cumplir.

La libertad de Cristo no nos lleva al libertinaje, sino que nos permite cumplir la voluntad de Dios desde el amor. Igual que en un país somos libres pero vivimos bajo leyes que respetamos, en las cosas de Dios la gracia y la libertad no justifican desviarnos de su voluntad, sino que nos capacitan para vivirla con gozo. El que ama no busca cuánto puede transgredir, sino cómo agradar a quien ama. La gracia transforma la obediencia: de carga, en alegría. El que vive en la gracia obedece a Dios no por temor, sino por amor, y en eso halla gozo.

El Libro de Urantia — 140:5.7

La libertad del reino no significa libertinaje. El amor es el cumplimiento de la ley; el que ama de verdad a Dios y a su prójimo no necesita ser obligado a hacer el bien, porque lo hace gozosamente desde el corazón. La gracia no libera del deber de amar, sino que da poder para amar.

La libertad del reino no es libertinaje: el amor es el cumplimiento de la ley. El que ama de verdad a Dios y al prójimo no necesita ser obligado a hacer el bien, porque lo hace con gozo, desde el corazón. La gracia no nos libera del deber de amar, sino que nos da el poder para amar. Por eso, la verdadera señal de vivir en la gracia no es hacer lo que se quiere, sino amar y servir con alegría. El amor que la gracia despierta cumple, sin obligación, todo lo que Dios pide.

¿Cumples la voluntad de Dios con gozo, por amor, o buscas cuánto puedes desviarte amparado en la gracia?

La verdadera gracia: lo que Dios da, no lo que el mundo busca

El cojo a la puerta del templo esperaba que le dieran algo material para seguir viviendo. Pero Pedro le dio algo mayor: en el nombre de Jesús, lo levantó. Muchos esperan de Dios solo lo material, y por eso malentienden la gracia. La verdadera gracia no es solo recibir cosas, sino ser reconciliados y transformados por Dios.

Hechos 3:6

Mas Pedro dijo: No tengo plata ni oro, pero lo que tengo te doy; en el nombre de Jesucristo de Nazaret, levántate y anda.

La verdadera gracia no se mide por lo que recibimos en bienes, sino por lo que Dios hace en nosotros: nos reconcilia consigo, nos da vida nueva, nos levanta. El que solo busca de Dios cosas materiales se pierde lo más grande de la gracia. La gracia nos da libertad para caminar, pero por las sendas rectas que Dios señala; nos permite ver lo bueno que Él tiene para nosotros, siempre que vivamos conforme a su voluntad. No reduzcas la gracia a recibir cosas; recíbela como lo que es: el amor de Dios que te reconcilia, te transforma y te capacita para amar. Esa es la gracia que de verdad levanta.

¿Buscas de Dios sobre todo cosas materiales, o la gracia que te reconcilia y transforma?

Conclusión: amor y gracia que transforman

El amor y la gracia de Dios son inmensos, pero no son excusa para el libertinaje. La gracia nos da una vida nueva, no nos deja igual; nace de reconocer a Dios no solo como quien nos ama, sino como nuestro Creador que nos guía por amor. En la cruz se unen su amor y su justicia, llamándonos a una vida nueva, no a vivir como si nada importara.

La libertad de Cristo no nos lleva al desorden, sino que nos capacita para cumplir la voluntad de Dios con gozo y por amor, no por obligación, porque el amor es el cumplimiento de la ley. Y la verdadera gracia no se mide por lo material que recibimos, sino por la reconciliación y la transformación que Dios obra en nosotros. Vive, pues, bajo la gracia: deja que el amor de Dios te renueve, camina libre por las sendas que Él señala, y cumple su voluntad con la alegría de quien ama. Porque la gracia no nos libera del deber de amar, sino que nos da el poder para amar de verdad.

La gracia no es permiso para el libertinaje: es el amor de Dios que te transforma y te da poder para amar.

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