Cómo ocurre el crecimiento espiritual
Un proceso de toda la vida, sereno y constante
Conferencia espiritual
Crecer toda la vida
Un error común es pensar que el crecimiento y el cambio son solo para los jóvenes, y que con los años uno se va quedando fijo en su manera de ser. Pero en la vida espiritual no es así: podemos seguir creciendo profundamente durante toda la vida. Cada año ofrece nuevos desafíos y una sabiduría más honda a los que viven en comunión con Dios.
2 Corintios 4:16
Por tanto, no desmayamos; antes aunque este nuestro hombre exterior se va desgastando, el interior no obstante se renueva de día en día.
El hombre interior se renueva de día en día, aunque el exterior envejezca. El crecimiento espiritual no tiene edad de jubilación; mientras vivamos, podemos seguir acercándonos a Dios, amando más, comprendiendo más. Y ni siquiera la muerte detiene ese crecimiento, porque abre la puerta a regiones nuevas de vida. Si buscamos parecernos a Cristo, el crecimiento es un camino que no termina nunca. Por eso, no digas nunca: ya soy mayor para cambiar; con Dios, siempre se puede crecer.
¿Crees que ya es tarde para crecer, o sigues abierto a que Dios te transforme cada día?
No esperes demasiado demasiado pronto
Al que comienza el camino espiritual conviene darle una palabra: no esperes demasiado muy rápido. Al principio suele haber un tiempo de transición, con algo de confusión y de dudas. Eso es natural; lleva tiempo crecer hacia una nueva forma de vida.
1 Pedro 2:2
Desead, como niños recién nacidos, la leche espiritual no adulterada, para que por ella crezcáis para salvación.
Cuando un niño aprende a caminar, tropieza y cae muchas veces; pero con el esfuerzo se hace más firme, y pronto camina seguro. Así también, en los primeros pasos de la vida espiritual nos sentiremos algo inestables, y eso está bien. Lo importante es seguir intentándolo, seguir buscando la comunión con Dios. Con el tiempo, los pasos se hacen más firmes, y los tropiezos del comienzo dan paso a un caminar estable. No te desanimes por las caídas iniciales; son parte normal de aprender a caminar con Dios.
Sin atajos: el valor de lo cotidiano
Una tentación que amenaza el crecimiento es la impaciencia. Pero no hay atajos en la vida espiritual; no podemos saltar de la primera lección a la última. Como el niño no crece fingiendo ser adulto, sino viviendo día a día, así también el alma crece poco a poco, aprendiendo las lecciones del camino.
Marcos 4:28
Porque de suyo lleva fruto la tierra, primero hierba, luego espiga, después grano lleno en la espiga.
Primero la hierba, luego la espiga, después el grano: el crecimiento tiene su orden y su tiempo. Lo más importante del proceso está en todas las pequeñas lecciones que se aprenden por el camino; cada día corriente está lleno de riquezas. Las pequeñas decisiones y acciones de la vida cotidiana son la sustancia real del crecimiento. Querer saltárselas por impaciencia es sabotear el proceso mismo. No desprecies lo cotidiano ni busques madurar de golpe; en lo pequeño de cada día, vivido con Dios, es donde el alma crece de verdad.
El Libro de Urantia — Documento 100:1.1
El crecimiento espiritual es un proceso gradual. No se logra de golpe, sino poco a poco, como crece la planta. Las pequeñas decisiones diarias son la sustancia del desarrollo del alma; la impaciencia que quiere saltarse el proceso solo lo entorpece.
¿Buscas madurar de golpe, o valoras las pequeñas lecciones de cada día?
La persistencia y el descanso
Otra cualidad clave del crecimiento es la persistencia. Como somos humanos, a veces tropezamos; pero no debemos deprimirnos ni rendirnos. Renovando una y otra vez nuestros esfuerzos, volvemos a avanzar, y con el tiempo la persistencia da grandes frutos.
Gálatas 6:9
No nos cansemos, pues, de hacer bien; porque a su tiempo segaremos, si no desmayamos.
Un mes de esfuerzo persistente y diario vale más que toda una vida de intentos inconstantes. Pero la persistencia debe equilibrarse con el descanso. Hay tiempos de gran avance, y hay tiempos de detenerse a descansar y contemplar lo recorrido, agradeciendo a Dios. Esos descansos no son retroceso; son renovación, momentos para reabastecer las reservas del alma. Como no se sube una montaña sin descansar para recobrar fuerzas, tampoco se crece sin tiempos de reposo en la comunión con Dios. Persevera, pero también descansa en Él; el crecimiento se equilibra con la renovación.
Crecer buscando el bien, no solo combatiendo el mal
El crecimiento espiritual es, ante todo, positivo: es más eficaz buscar lo bueno que pelear contra lo malo. Intentar dejar de ser egoístas a fuerza de voluntad no funciona muy bien; en cambio, esforzarse por ser generosos sí transforma. Concentrarse en no gritar no logra mucho; concentrarse en ser paciente sí da fruto.
Romanos 12:21
No seas vencido de lo malo, sino vence con el bien el mal.
Vencer el mal con el bien: esa es la clave. Si dedicamos toda nuestra energía a aplastar nuestras tendencias bajas, terminamos enfocados en lo negativo. Es mejor dirigir el corazón a buscar lo elevado: hacer cosas buenas, cultivar hábitos sanos, llenarse de fe en vez de pelear con los temores. Cuando cultivamos lo mejor, lo viejo y negativo se va apagando solo. Hay una vieja parábola de un maestro que hablaba de dos perros que peleaban en su interior, uno malo y uno bueno; cuando le preguntaron cuál vencería, respondió: aquel al que yo le dé de comer. Alimenta lo bueno en ti, y eso crecerá; el crecimiento espiritual no es una batalla triste contra el mal, sino el gozo de buscar el bien.
El Libro de Urantia — Documento 143:2.7
El secreto del crecimiento no es suprimir lo viejo a la fuerza, sino dejar que los afectos y deseos más altos desplacen a los más bajos. Cultivando el bien, lo negativo se desvanece; así crece el alma, no por lucha angustiosa, sino por amor a lo elevado.
¿Gastas tus fuerzas peleando contra tus defectos, o cultivando el bien que los desplaza?
Que lo espiritual penetre toda la vida
Muchos ven el crecimiento espiritual como un área más entre tantas, y a veces ni siquiera de las importantes. Pero los valores del espíritu deben penetrar todas las áreas de la vida: la familia, el trabajo, el descanso, las relaciones.
Colosenses 3:17
Y todo lo que hacéis, sea de palabra o de hecho, hacedlo todo en el nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios Padre por medio de él.
Todo lo que hacemos, hacerlo en el nombre del Señor: eso es dejar que lo espiritual impregne toda la vida. Pensar que estamos demasiado ocupados con la familia o el trabajo como para crecer espiritualmente es un error, porque solo creciendo en el espíritu desarrollamos nuestro potencial en todas las áreas. Crecer espiritualmente es crecer como personas, como padres, como trabajadores, en todo. Ignorar el crecimiento del alma es limitar el desarrollo de toda la vida. No separes lo espiritual de lo cotidiano; deja que el amor de Dios dé sentido y hondura a cada parte de tu vida.
Crece naturalmente, como una planta
Hay algo importante: conviene estar un poco despreocupados del proceso mismo. El crecimiento espiritual, cuando hay un sincero deseo de Dios, ocurre con naturalidad, como una planta crece de una semilla. No hay que fabricarlo con angustia, sino dejarlo brotar.
Marcos 4:26-27
Así es el reino de Dios, como cuando un hombre echa semilla en la tierra; y duerme y se levanta, de noche y de día, y la semilla brota y crece sin que él sepa cómo.
La semilla crece sin que el sembrador sepa cómo. Si pones una semilla en buena tierra y le das agua, aire y sol, tiene en sí todo lo necesario para crecer; pero si tiras de las hojas para apurarla, o la sacas cada día para ver las raíces, le haces daño. Así es el alma: si la riegas con amor y altos ideales, arraigada en el deseo de Dios, crece sana y fuerte. Dios entretejió en nosotros la necesidad de crecer; a menos que lo estorbemos, ocurre naturalmente. No te analices con angustia ni quieras forzar el proceso; hunde tus raíces en Dios, eleva tu corazón a su luz, y a su tiempo crecerás.
El Libro de Urantia — Documento 100:1.1
El crecimiento del alma es como el de la planta: natural y gradual. Arraigada en el deseo de Dios y regada por el amor, tiene en sí todo lo necesario para crecer. No se fuerza con angustia; se favorece con la fe y se deja al cuidado del Padre que da el crecimiento.
¿Dejas que tu crecimiento brote con naturalidad arraigado en Dios, o lo fuerzas con angustia?
Crecer olvidándonos de nosotros mismos
Hay una paradoja hermosa: cuando nos concentramos demasiado en nosotros mismos y en nuestro propio progreso, en realidad bloqueamos el crecimiento. Tanto nos preocupamos por mejorar que dejamos de mirar a Dios y a los demás. El crecimiento real ocurre cuando nos olvidamos de nosotros mismos para amar.
Mateo 16:25
Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí, la hallará.
El que pierde su vida por amor, la halla. El crecimiento espiritual más verdadero no se logra mirándonos el ombligo, sino mirando a Dios y al prójimo: haciendo su voluntad, amando a la gente, viviendo una vida de servicio. Cuando dejamos de obsesionarnos con nuestro propio progreso y simplemente amamos, crecemos sin darnos cuenta. Por eso, no hagas del crecimiento un proyecto egoísta; ámalo a Dios, sirve a los demás, y el crecimiento vendrá solo, como fruto del amor. El que vive amando crece; el que solo se mira a sí mismo se estanca.
Conclusión: deja que Dios te haga crecer
El crecimiento espiritual es un proceso de toda la vida: gradual, sin atajos, hecho de pequeñas lecciones cotidianas; pide persistencia y también descanso; es positivo, busca el bien más que pelear el mal; debe penetrar toda la vida; crece con naturalidad como una planta arraigada en Dios; y ocurre de verdad cuando nos olvidamos de nosotros mismos para amar.
No te desanimes por los tropiezos ni te impacientes por la lentitud; no esperes madurar de golpe ni busques atajos. Riega tu alma con amor y altos ideales, hunde tus raíces en el deseo de Dios, cultiva el bien, vive lo cotidiano con Él, y sobre todo, ama a Dios y a los demás. Así, como la semilla que brota en buena tierra, crecerás sano y fuerte, sin angustia, dejando que sea Dios quien dé el crecimiento. Porque el que comenzó en ti la buena obra, la irá perfeccionando toda la vida.
El crecimiento del alma es obra de toda la vida: riega tus raíces en Dios, ama, y deja que Él te haga crecer.