Desde la iglesia al mundo
Llamados a llevar el evangelio más allá de nuestras paredes
Conferencia espiritual
Una iglesia que no se queda encerrada
El Señor nos dejó una encomienda clara: ir y llevar el evangelio a todo lugar y a toda criatura. No nos llamó para formar un círculo cerrado donde nos predicamos unos a otros, sino para ser luz que sale al mundo. La fe que se guarda solo entre paredes se vuelve estancada; la que se comparte se multiplica. Hoy queremos vernos como una iglesia que no se queda encerrada, sino que va desde la iglesia al mundo.
Marcos 16:15
Y les dijo: Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura.
Esta orden de Jesús no es opcional ni solo para algunos. Cada hijo de Dios ha recibido un tesoro —el conocimiento del amor de Dios— y ese tesoro está hecho para compartirse. Es muy fácil quedarnos cómodos entre los que ya creen, repitiendo lo que ya sabemos, mientras afuera hay multitudes que nunca han escuchado del amor de Dios. El ejemplo del apóstol Pablo nos sacude: él puso la mirada en los que estaban lejos, en los que nadie había alcanzado. De eso queremos hablar.
¿Vives tu fe encerrado entre los que ya creen, o la llevas también a los que están lejos?
El ejemplo de Pablo: ir a los que no han oído
Pablo tenía una pasión: anunciar a Cristo allí donde aún no había sido nombrado, no edificar sobre fundamento ajeno, sino llegar a los que nunca habían oído. No se conformó con predicar a los ya convencidos; buscó a los que estaban más lejos, a los que el mundo daba por perdidos. Esa misma pasión debería arder en nosotros.
Romanos 15:20-21
Y de esta manera me esforcé a predicar el evangelio, no donde Cristo ya hubiese sido nombrado, para no edificar sobre fundamento ajeno, sino, como está escrito: Aquellos a quienes nunca les fue anunciado acerca de él, verán; y los que nunca han oído de él, entenderán.
Hay un mundo entero esperando escuchar que Dios lo ama. Mientras tanto, a veces gastamos nuestras energías en discusiones internas o en competir por congregaciones más numerosas. Pablo nos enseña otra prioridad: salir al encuentro de los que no conocen el camino. No todos iremos a tierras lejanas, pero todos tenemos cerca a alguien que aún no conoce el amor de Dios: un vecino, un compañero, un familiar. Pon tu mirada en ellos, como Pablo la puso en los que estaban lejos.
¿Quién está cerca de ti que aún no conoce el amor de Dios y a quien podrías acercarte?
Predicar todos los días, no solo cuando hay tiempo
La iglesia primitiva nos da una hermosa lección: los creyentes tenían comunión entre ellos, pero además, todos los días, en el templo y por las casas, no cesaban de enseñar y anunciar a Jesús. No era una tarea ocasional, para cuando sobraba tiempo, sino un estilo de vida diario.
Hechos 5:42
Y todos los días, en el templo y por las casas, no cesaban de enseñar y predicar a Jesucristo.
Llevar el evangelio no debe ser algo que hacemos solo cuando nos encontramos a alguien en problemas, ni solo en un día y una hora señalados. Cualquier día y cualquier momento es bueno para compartir el amor de Dios. Y la mejor predicación muchas veces no son las palabras, sino la vida: la manera en que tratamos a los demás, la paz que mostramos en las pruebas, el amor con que servimos. El que vive el evangelio cada día lo está predicando aun sin abrir la boca. Que tu vida diaria sea un anuncio constante del amor de Dios.
¿Compartes el amor de Dios como un estilo de vida diario, o solo de vez en cuando?
Predicar con la vida: el fruto que se ve
Pablo decía que no se gloriaba sino de lo que Cristo había hecho a través de él, con palabra y con obras. Y ahí está la clave: la predicación más poderosa no es la de las palabras elocuentes, sino la del fruto del Espíritu que se ve en una vida transformada. El mundo no necesita más discursos; necesita ver vidas cambiadas por el amor de Dios.
Gálatas 5:22-23
Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley.
Cuando alguien ve en nosotros amor donde el mundo muestra egoísmo, paz donde el mundo se angustia, perdón donde el mundo guarda rencor, ese contraste predica más que mil sermones. El fruto del Espíritu es el mejor testimonio. Por eso, antes de preocuparnos por qué decir, ocupémonos de cómo vivir. Una vida que da el fruto del Espíritu es una invitación viva a conocer a Dios. Deja que tu fruto hable; muchos llegarán a Cristo por lo que vean en ti.
El Libro de Urantia — 159:3.4
La mejor manera de que algunos mortales lleguen a reconocer el espíritu del Maestro consiste en observar la religión de aquellos que conocen a Jesús. No intentéis ganar a los hombres por la coacción, sino atraedlos por el amor que vivís delante de ellos.
No se gana a las personas a la fuerza ni por la imposición, sino atrayéndolas con el amor que vivimos delante de ellas. El testimonio silencioso de una vida amorosa abre corazones que ningún argumento podría abrir. Por eso, llevar el evangelio desde la iglesia al mundo es, ante todo, vivir el amor de Cristo de manera que otros deseen conocer la fuente de ese amor.
¿Tu vida atrae a otros hacia Dios por el amor que muestras, o solo por las palabras que dices?
Negarse a sí mismo: el corazón del servidor
Jesús dijo que quien quiera seguirle debe negarse a sí mismo, tomar su cruz y seguirle. La obra de llevar el evangelio al mundo nace de un corazón que ha dejado morir el orgullo, que ha aprendido a obedecer, que sirve sin mirar sus propias conveniencias. No se trata de lucirnos, sino de servir con humildad.
Mateo 16:24
Entonces Jesús dijo a sus discípulos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame.
Cuando el evangelio se predica desde el orgullo o la búsqueda de reconocimiento, pierde su poder. Pero cuando nace de un corazón humilde, que solo quiere que otros conozcan a Dios, lleva el respaldo del cielo. Negarse a sí mismo es poner el amor a Dios y a los demás por encima de la propia comodidad y vanidad. Ese es el corazón del verdadero servidor: el que no busca su gloria, sino la de Dios y el bien de las personas. Pide a Dios que forme en ti ese corazón humilde y dispuesto.
¿Sirves para que Dios sea glorificado y otros sean bendecidos, o buscas tu propio reconocimiento?
Salir al encuentro de los que están afuera
Afuera de nuestras paredes hay dos clases de personas que necesitan el amor de Dios: los que un día conocieron la verdad y se apartaron, y los que nunca la han escuchado. A ambos debemos llevar el evangelio. A los que se alejaron, para invitarlos con amor a volver; a los que nunca oyeron, para que tengan, por primera vez, la oportunidad de conocer a Dios.
Lucas 15:10
Así os digo que hay gozo delante de los ángeles de Dios por un pecador que se arrepiente.
Cada vez que una persona se vuelve a Dios, hay gozo en el cielo. Imagina cuántas personas a tu alrededor podrían volverse a Dios si alguien les mostrara su amor. No juzguemos a los que se apartaron ni condenemos a los que no conocen; acerquémonos con compasión, como Jesús se acercaba a todos. El mundo afuera no necesita nuestro desprecio, sino nuestro amor. Sal al encuentro de los que están afuera, con la misma ternura con que Dios salió a tu encuentro a ti.
¿Miras a los de afuera con compasión y deseo de acercarlos, o con juicio y distancia?
El respaldo de Dios acompaña al que va con su corazón
Pablo predicaba con el respaldo del poder de Dios. Y ese respaldo acompaña a quienes van con humildad, obediencia y amor verdadero. No se trata de buscar espectáculos, sino de confiar en que Dios mismo obra a través del que se entrega a su obra. Cuando vamos con el corazón recto, no vamos solos: Dios va con nosotros.
Hechos 1:8
Pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra.
El mismo Espíritu que dio poder a los primeros discípulos está disponible para nosotros. No necesitamos depender de nuestras fuerzas ni de nuestra elocuencia; el Espíritu nos capacita y respalda. Por eso, no temas no ser suficiente: el que te envía también te acompaña y te da poder. Ve confiado, vive el amor de Cristo, comparte la buena nueva, y deja que Dios confirme su obra. El que va con el corazón rendido a Dios lleva el respaldo del cielo.
¿Confías en el poder del Espíritu que te respalda, o te detienes pensando que no eres suficiente?
Conclusión: desde la iglesia al mundo
El Señor nos llama a no quedarnos encerrados, sino a llevar el evangelio desde la iglesia al mundo. Como Pablo, debemos poner la mirada en los que están lejos, en los que nunca han oído; como la iglesia primitiva, anunciar a Cristo cada día, en el templo y por las casas; y, sobre todo, predicar con la vida, dejando que el fruto del Espíritu sea nuestro mayor testimonio.
Niega tu orgullo, sirve con humildad, acércate con compasión a los que se apartaron y a los que nunca conocieron. No vas solo: el Espíritu de Dios te respalda y te capacita. Recuerda que la mejor manera de ganar a las personas no es la imposición, sino el amor que vives delante de ellas. Hay un mundo entero esperando saber que Dios lo ama, y hay gozo en el cielo por cada uno que se vuelve a Él. Sal, pues, desde la iglesia al mundo, y deja que el amor de Dios que te transformó alcance, a través de ti, a muchos más.
No te quedes encerrado: lleva el amor de Dios desde la iglesia al mundo, viviéndolo delante de todos.