Deja que Jesús cobre vida
Abre tu corazón y deja que Cristo viva en ti
Conferencia espiritual
Para vencer, deja que Jesús viva en ti
Dios es Todopoderoso y puede hacer en tu vida y en tu familia la obra que tanto necesitas. Pero para que Él obre con libertad, hace falta que abras la mente y el corazón, de manera que ese Jesús que tanto necesitas cobre vida dentro de ti. Si le cerramos la puerta, nos privamos de la vida nueva y la bendición que anhelamos. La fuerza para vencer no nace de nosotros, sino de Cristo viviendo en nosotros.
Mateo 1:20-21
Y pensando él en esto, he aquí un ángel del Señor le apareció en sueños y le dijo: José, hijo de David, no temas recibir a María tu mujer, porque lo que en ella es engendrado, del Espíritu Santo es. Y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados.
Así como Jesús nació en Belén por obra del Espíritu, también puede nacer y cobrar vida en el corazón que lo recibe por fe. Hoy queremos ver cómo, cuando Jesús vive en nosotros, los problemas que parecían gigantes invencibles se vuelven pequeños frente a su presencia. La clave no está en nuestras fuerzas, sino en dejar que Él cobre vida dentro de nosotros.
¿Le has abierto de verdad la puerta a Jesús, o le impides cobrar vida plena en tu interior?
Jesús es quien da la vida verdadera
Jesús no vino a darnos una vida apenas soportable, sino vida en abundancia. Cuando lo recibimos, nos hace hijos de Dios y nos transmite su vida; ya no enfrentamos las dificultades solos y desarmados, sino fortalecidos por su presencia. Esa es la diferencia entre quien tiene a Cristo dentro y quien no.
Juan 10:10
El ladrón no viene sino para hurtar y matar y destruir; yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia.
Para quien no conoce verdaderamente al Señor, cada problema se vuelve un gigante: la enfermedad es un gigante, las dificultades familiares son un gigante, la mala situación económica es un gigante, y se siente sin armas para enfrentarlos. Pero cuando Jesús cobra vida en nosotros, recibimos fortaleza, paciencia y esperanza para esperar la victoria. No se trata de negar los problemas, sino de enfrentarlos desde la roca firme que es Cristo. El que tiene a Jesús viviendo en él no camina indefenso ante la vida.
¿Enfrentas tus problemas solo y desarmado, o desde la fortaleza de Cristo que vive en ti?
David y el gigante: confiar en lugar de temer
Todos conocemos la historia de David y Goliat. Lo que llama la atención es que los aterrorizados eran el pueblo de Dios, no el enemigo. Es decir, se puede ser parte del pueblo de Dios y, aun así, vivir aterrado ante un gigante, cuando no se ha aprendido a confiar en el Señor y se pretende todo en las propias fuerzas.
1 Samuel 17:45
Entonces dijo David al filisteo: Tú vienes a mí con espada y lanza y jabalina; mas yo vengo a ti en el nombre del Señor de los ejércitos, el Dios de los escuadrones de Israel, a quien tú has provocado.
David no venció por ser más fuerte, sino porque iba en el nombre del Señor; había aprendido a confiar en Dios en lo cotidiano, cuidando las ovejas, antes de enfrentar al gigante. Por eso, cuando llegó Goliat, no tembló: sabía en quién confiaba. Así también hoy, en el pueblo de Dios hay quienes tiemblan ante el gigante y quienes, como David, confían y vencen. La diferencia no está en el tamaño del problema, sino en dejar que Dios pelee por nosotros. Aprende a confiar en lo pequeño, y vencerás en lo grande.
Ante tu gigante, ¿tiemblas en tus fuerzas, o avanzas confiando en el nombre del Señor?
El valle de los huesos secos: vida donde parecía no haberla
El profeta vio un valle lleno de huesos secos, sin esperanza de vida, derrotados por el gigante de la muerte. Eran parte del pueblo de Dios, pero estaban muertos. Y allí vino el Espíritu de Dios y les devolvió la vida, convirtiéndolos en un ejército. Es una imagen de tantos creyentes que, aun en las iglesias, han perdido la esperanza y se sienten secos por dentro.
Ezequiel 37:5
Así ha dicho el Señor Dios a estos huesos: He aquí, yo hago entrar espíritu en vosotros, y viviréis.
Quizás tú mismo te has sentido así: seco, sin esperanza, derrotado, diciendo en tu corazón que ya no hay nada que hacer. Pero el mensaje de Dios es claro: Él puede hacer entrar vida donde parecía no haberla. No importa cuán seca esté tu vida espiritual hoy; si dejas que Jesús cobre vida en ti, el mismo Espíritu que levantó aquel ejército puede levantarte a ti. Dios no se da por vencido con sus hijos, aunque parezcan huesos secos. Donde Él pone su Espíritu, brota la vida.
¿Sientes tu vida espiritual seca? ¿Le permites al Espíritu de Dios hacerte entrar vida de nuevo?
Recibir el Espíritu por fe, no por mera razón
María concibió por obra del Espíritu, no por medios humanos. Esto tiene una enseñanza para quienes quieren explicarlo todo solo con la razón humana. El obrar de Dios se recibe por fe: no porque entendamos cómo, sino porque confiamos en quién lo hace. La fe no es enemiga de la inteligencia, pero va más allá de lo que la sola razón puede calcular.
Romanos 8:6
Porque el ocuparse de la carne es muerte, pero el ocuparse del Espíritu es vida y paz.
José, siendo justo, comenzó a pensar humanamente y por eso quiso apartarse de María, hasta que Dios le mostró su plan. También nosotros, cuando todo lo medimos solo con cálculos humanos, podemos cerrarnos al obrar de Dios. No se trata de despreciar la razón, que también es don de Dios, sino de no encerrar a Dios dentro de los límites de lo que nosotros podemos entender. Abre tu corazón con humildad y fe; deja que el Espíritu te llene, aunque no comprendas del todo cómo obra. La vida y la paz vienen de ocuparnos del Espíritu, no solo de nuestros razonamientos.
¿Le permites a Dios obrar por fe, o lo limitas a lo que tu sola razón alcanza a explicar?
La presencia de Dios que vive en el creyente
Cuando Jesús cobra vida en nosotros, no es solo una idea o un sentimiento pasajero: es la presencia real de Dios que viene a morar en el corazón. Esa presencia nos transforma desde dentro, nos guía, nos fortalece y nos hace crecer hasta sobrepasar la dimensión de nuestros problemas.
Gálatas 2:20
Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí.
Ya no vivo yo, sino que vive Cristo en mí: esa es la meta de la vida cristiana. No se trata de esforzarnos para imitar a Jesús desde afuera, sino de dejar que Él viva en nosotros y obre desde dentro. Cuando esto ocurre, nuestra vida cambia, no por nuestro mérito, sino por su presencia. Deja que Cristo viva en ti y lo verás reflejado en tu manera de pensar, de amar, de enfrentar la vida.
El Libro de Urantia — 34:6.6
El espíritu de Dios que vive en el hombre… actúa sobre la mente humana atrayéndola hacia arriba, hacia la verdad, la bondad y la belleza. El reconocimiento de la presencia divina interior fortalece al hombre para vencer y le da la paz que sobrepasa todo entendimiento.
La presencia de Dios en el interior del creyente lo atrae hacia lo más alto y lo fortalece para vencer. No estamos solos en nuestras luchas: llevamos dentro al que es más grande que cualquier gigante. Reconocer y cultivar esa presencia interior es la fuente de la verdadera fortaleza y de una paz que el mundo no puede dar ni quitar. Por eso, deja que Jesús cobre vida en ti; su presencia será tu fuerza.
¿Vives como quien lleva dentro la presencia de Dios, más grande que cualquier gigante que enfrentes?
Del temor a la victoria
Cuando Jesús cobra vida en nosotros y aprendemos a confiar, el temor da paso a la victoria. No porque los problemas desaparezcan de inmediato, sino porque ya no los enfrentamos solos ni desde el miedo, sino desde la confianza en Dios. Lo que parecía asolado y muerto, Dios puede reedificarlo y convertirlo en huerto fructífero.
Ezequiel 36:35
Y dirán: Esta tierra que era asolada ha venido a ser como huerto del Edén; y estas ciudades que eran desiertas y asoladas y arruinadas, están fortalecidas y habitadas.
Dios es especialista en convertir lo asolado en huerto y lo arruinado en habitación. Lo que en tu vida parece destruido —una relación, una esperanza, un sueño— Dios puede reedificarlo cuando Jesús cobra vida en ti. No te quedes mirando las ruinas; deja obrar a Aquel que hace nuevas todas las cosas. El que confía en Dios pasa del temor a la victoria, no por sus fuerzas, sino por la presencia del que vive en él. Tu gigante de hoy puede ser tu testimonio de mañana.
¿Qué ruina de tu vida estás dispuesto a poner en las manos del que reedifica lo asolado?
Conclusión: deja que Jesús cobre vida
El Señor está llamando a la parte de su pueblo que ha perdido la esperanza, a los que han dejado de confiar aun estando dentro de la congregación, porque quiere devolverles la vida. No importa cuán grande sea el gigante que enfrentas —en tu salud, tu familia, tu economía o tu interior—; Dios quiere cobrar vida en ti y hacerte vencedor.
Dispón tu corazón y abre la puerta a Jesús. Deja que Él viva en ti, que su Espíritu te llene y te fortalezca hasta sobrepasar la dimensión de tu problema. Aprende a confiar en lo pequeño, como David, para vencer en lo grande; recíbelo por fe, sin encerrarlo en tus razonamientos; reconoce su presencia interior como tu verdadera fuerza. Recuerda que el mismo Espíritu que dio vida a los huesos secos y reedificó lo asolado puede obrar en ti. No vivas como huesos secos teniendo a tu alcance la vida de Dios. Deja que Jesús cobre vida dentro de ti, y pasarás del temor a la victoria.
Abre tu corazón y deja que Jesús cobre vida en ti: su presencia será tu fuerza, y tus gigantes se harán pequeños.