El amor

Piedra angular de toda relación con Dios y con los demás

 

Conferencia espiritual

 

La cualidad que predomina en Dios

No somos huérfanos perdidos en el mundo, sino hijos amados de la familia del Padre. Y la cualidad más importante de Dios, la que predomina sobre todas, es su amor que todo lo abarca. Su justicia, su poder, su sabiduría, todas sus demás cualidades se reúnen en el cuidado amoroso con que nos rodea; pero es su amor el que lo gobierna todo.

1 Juan 4:8

El que no ama, no ha conocido a Dios; porque Dios es amor.

Dios es amor: esa es su esencia. El amor divino es el fundamento firme sobre el cual descansa nuestra relación con Él. Y en la medida en que recibimos ese amor del Padre y lo damos a los demás, ese mismo amor se vuelve la piedra angular de todas nuestras relaciones humanas. Sin amor, nada de lo que somos o hacemos tiene verdadero sentido; con amor, hasta lo más pequeño se llena de valor eterno.

El Libro de Urantia — Documento 2:5.1

El amor del Padre es la realidad suprema del universo. Todas las demás cualidades divinas se subordinan a su amor; conocer a Dios es conocer su amor, y vivir en él es la meta y la plenitud de toda criatura.

¿Has descubierto que lo que más define a Dios, y lo que debe definirte a ti, es el amor?

Amar es el centro de la vida espiritual

Amar es la actividad central de la vida del espíritu. El mejor indicador de nuestro crecimiento interior no es cuánto sabemos ni cuánto hacemos, sino cuánto amamos a Dios y a los demás. No hay progreso espiritual verdadero si no crecemos en nuestra capacidad de amar.

Mateo 22:37-39

Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo.

Cuando a Jesús le preguntaron qué hacer para tener la vida eterna, respondió con sencillez: amar a Dios con todo el ser, y amar al prójimo como a uno mismo. El amor a Dios y el amor a las personas son las dos caras de una misma moneda; no se puede tener una sin la otra. Mientras más amamos a nuestros hermanos, más profundamente apreciamos el amor del Padre; y mientras más recibimos el amor del Padre, más capaces somos de amar a los demás. Todo en la fe se reduce, al final, a aprender a amar.

El amor verdadero da, no toma

La palabra amor se usa muchas veces para nombrar cosas que no son amor en absoluto. Con frecuencia decimos te amo cuando en realidad queremos decir te necesito; llamamos amor a lo que solo busca que el otro llene nuestro vacío. Pero eso no es amor verdadero.

1 Corintios 13:4-5

El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece; no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor.

El amor verdadero no toma de la otra persona; da. No fomenta la dependencia ni la debilidad, sino que anima la libertad y la fortaleza del otro. El amor falso nace de una carencia, y busca egoístamente llenar el propio vacío usando a los demás; el amor verdadero nace de la abundancia, del corazón lleno del amor de Dios, y se derrama sobre los otros sin esperar nada a cambio. Por eso, antes de decir que amamos, preguntémonos si estamos dando o solo buscando recibir. El amor que da es el que se parece al de Dios.

Tu amor, ¿da y busca el bien del otro, o busca que el otro llene tus necesidades?

El amor toma la iniciativa

El amor verdadero no permanece pasivo ante el odio o la hostilidad; toma la iniciativa. No se conforma con ignorar el mal, sino que busca transformarlo en bien, dentro de nosotros y dentro de los demás. Así obra el amor: como una fuerza activa que disuelve y vence las emociones negativas.

Romanos 12:21

No seas vencido de lo malo, sino vence con el bien el mal.

Muchas veces, cuando alguien nos hace daño, sentimos ira y queremos que nos trate con más respeto. Pero lo que no entendemos es que la mejor manera de que alguien nos respete y nos ame es amándolo primero. No se trata de conquistar al otro, sino de dejar que el amor nos conquiste a ambos, de modo que arreglemos nuestras diferencias bajo la autoridad más alta, que es el amor. Tomar la iniciativa de amar, aun ante quien no nos ama, es lo que de verdad transforma las relaciones. Así amó Jesús: amando primero, venciendo el mal con el bien.

Mateo 5:44

Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen.

El amor se multiplica cuando se da

Hay algo asombroso en el amor: no podemos guardarlo para nosotros mismos; tiene que ser compartido para ser real. Es como el agua que fluye por una manguera: solo sigue entrando por un extremo si sale por el otro. Solo podemos recibir más del amor del Padre si dejamos que nuestro amor fluya hacia los demás.

Lucas 6:38

Dad, y se os dará; medida buena, apretada, remecida y rebosando darán en vuestro regazo.

La economía del amor es distinta a la del dinero. El dinero gastado ya no lo tenemos; pero el amor, mientras más damos, más tenemos. No se pierde amor al regalarlo; al contrario, solo dándolo lo experimentamos de verdad en el corazón. Cuando amamos a otra persona es cuando más intensamente sentimos fluir el amor. Por eso, si mantenemos el amor encerrado dentro, se vuelve viejo e irreal; pero si lo dejamos fluir, abrimos espacio en el corazón para recibir más del Padre. Da amor, y descubrirás que nunca se acaba, porque su fuente es Dios mismo.

¿Mantienes tu amor encerrado, o lo dejas fluir hacia los demás para recibir más del Padre?

El que no sabe amar es quien más necesita amor

Hay una verdad difícil pero importante: la persona más difícil de amar suele ser la que es incapaz de amar. Se desarrolla un círculo cruel: como no es afectuosa, los demás se alejan y no le dan amor; entonces se siente rechazada, se vuelve más amarga y aún menos amorosa, y la rechazan más. Y así se hunde cada vez más en la soledad.

Lucas 6:32-33

Porque si amáis a los que os aman, ¿qué mérito tenéis? Porque también los pecadores aman a los que los aman. Amad, pues, a vuestros enemigos, y haced bien.

Y aquí está lo paradójico: esa persona incapaz de amar es precisamente la que más necesita nuestro amor. Su situación parece sin salida, porque como no puede devolver el amor, pocos quieren dárselo. Solo si estamos llenos del amor de Dios podemos amarla, porque no dependemos de que ella nos ame: nuestra fuente es Dios. Y cuando esa persona recibe un amor que no esperaba, su corazón empieza a deshelarse, descubre que sí puede ser amada, y poco a poco vuelve a amar. Amar al que no sabe amar es una de las obras más hermosas y más parecidas a Dios que podemos hacer.

El Libro de Urantia — Documento 100:7.1

El amor que más se asemeja al de Dios es el que ama sin ser correspondido. El alma llena del amor del Padre puede amar aun al que no la ama, porque su fuente no está en el otro, sino en Dios; y ese amor desinteresado tiene el poder de transformar al más endurecido.

Recibir el amor de Dios

Para poder dar amor, necesitamos primero sentirnos amados. Y aunque a veces el amor de los demás nos falle, hay un amor que nunca falla: el del Padre. Cuando nos acercamos a Dios, nos sentimos amados en todo momento, nutridos y sostenidos por su afecto que no se agota.

Romanos 5:5

Y la esperanza no avergüenza, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado.

A veces nos cuesta dar amor; otras veces, nos cuesta recibirlo, porque no nos sentimos dignos. Pero el amor del Padre no depende de nuestros méritos: está siempre allí, rodeándonos, esperando que abramos el corazón para recibirlo. Y cuando nos dejamos llenar de ese amor, ya no dependemos del amor de los demás para poder amar; tenemos un excedente, una abundancia que nos libera para amar sin condiciones, aun a los que por ahora no pueden amarnos. Por eso, lo primero es dejarse amar por Dios; de esa fuente brota todo lo demás.

¿Te dejas amar por Dios, o crees que no eres digno de su amor?

El amor se cultiva y se hace sabio

El amor no crece solo; nosotros debemos cooperar en su desarrollo. Como una bailarina dedica años a perfeccionar su arte, así debemos dedicarnos a aprender el amor, hasta que dar afecto se vuelva en nosotros una segunda naturaleza. Y con el tiempo, no solo amamos más, sino que aprendemos a amar más sabiamente.

Filipenses 1:9

Y esto pido en oración, que vuestro amor abunde aun más y más en ciencia y en todo conocimiento.

El amor sin sabiduría puede hacer daño: el padre que malcría al hijo, o la dependencia enfermiza hacia alguien dominante, distorsionan a las personas. El amor sabio, en cambio, es equilibrado, busca el bien duradero del otro y no solo su placer momentáneo; usa el tacto, se informa, y a veces, por amor, corrige. Y el elemento más importante para crecer en el amor es llegar a entender a los demás: cuando comprendemos por qué alguien actúa como actúa, poniéndonos en su lugar, el afecto nace casi solo. Pidamos a Dios que nos enseñe a amar con sabiduría, y su Espíritu nos mostrará cómo amar mejor a cada persona.

El Libro de Urantia — Documento 100:4.2

El amor maduro se vuelve sabio. No es ciego ni imprudente; busca el bien verdadero y duradero del amado, guiado por la verdad y la bondad. El que ama sabiamente refleja el amor de Dios, que siempre quiere lo mejor para sus hijos.

El amor leal y siempre activo

Una cualidad que siempre acompaña al amor verdadero es la lealtad. El amor que va y viene según conviene no es amor; el amor verdadero permanece, es fiel, sostiene aun en los tiempos difíciles. Y a la vez, el amor verdadero nunca está quieto: siempre busca nuevas maneras de expresarse en servicio.

1 Corintios 13:7-8

Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. El amor nunca deja de ser.

El amor nunca deja de ser: esa es su lealtad. No se rinde ante las dificultades ni se cansa de amar. Y es siempre activo: se da a conocer en hechos, transforma las relaciones, busca constantemente medios nuevos y más fuertes de servir a Dios y a los demás. El amor que solo se siente pero no se traduce en acciones todavía no es amor maduro. Por eso, que nuestro amor sea leal, que permanezca en los tiempos buenos y malos; y que sea activo, que se demuestre en gestos concretos de servicio. Así es el amor de Dios por nosotros: fiel y siempre obrando para nuestro bien.

¿Tu amor es leal y activo, o va y viene según te convenga y se queda solo en sentimiento?

Aceptar también el amor de los demás

Hablamos mucho de dar amor, pero hay algo que a algunos les cuesta tanto como dar: recibir el amor que otros les ofrecen. Esto ocurre cuando, por alguna razón, no nos sentimos dignos de ser amados, y entonces rechazamos o no apreciamos el cariño que nos brindan.

Juan 13:8

Pedro le dijo: No me lavarás los pies jamás. Jesús le respondió: Si no te lavare, no tendrás parte conmigo.

Mira a Pedro: le costaba dejar que Jesús le lavara los pies, dejarse amar y servir por su Señor. A muchos nos pasa lo mismo. Pero aprender a recibir el amor también es parte de amar. Cuando aceptamos con gratitud el amor de los demás, nuestras relaciones florecen, y los que nos aman sienten que su amor vale. Y, sobre todo, dejémonos amar por Dios, aunque a veces no nos sintamos dignos; precisamente su amor no depende de nuestros méritos. Abrir el corazón para recibir el amor, de Dios y de los hermanos, nos llena para luego poder darlo. El que se deja amar aprende a amar mejor.

¿Te cuesta recibir el amor de los demás y de Dios porque no te sientes digno?

Conclusión: vivir según el amor

El amor es la piedra angular de todo: de nuestra relación con Dios, que es amor, y de nuestras relaciones con los demás. Amar es el centro de la vida espiritual y la medida verdadera de nuestro crecimiento. El amor verdadero da en vez de tomar, toma la iniciativa, se multiplica al compartirse, alcanza incluso al que no sabe amar, y se hace cada día más sabio.

Déjate amar primero por el Padre, que te ama sin medida, y de esa abundancia deja fluir tu amor hacia todos. Cultívalo con dedicación, hasta que se vuelva tu segunda naturaleza; amplíalo y hazlo sabio, buscando siempre el bien del otro. Y recuerda que el crecimiento del amor no termina nunca: siempre habrá nuevas profundidades del amor de Dios por descubrir, y siempre podremos amar un poco más. Vive según el amor, y vivirás según Dios.

Déjate amar por el Padre y deja fluir su amor: amar es el centro de todo, y nunca se acaba.

Contact

Hable Con Nosotros

Le invitamos a contactarnos para más información.
Participa y comparte, sé parte del Hogar del Hombre Nuevo.

Hablemos De Su Proyecto

Apoyamos tus proyectos, sobre espiritualidad, salud, alimentación, política, economía, educación, medio ambiente, negocios y comercio.

Hablemos De Tu Idea

Ayúdanos a escribir una nueva historia cultural para la humanidad. Aquí podrá aportar los más grandes pensamientos al Gobierno de Dios.

Capacítese Con Nosotros

Facilitamos contenidos y espacios creados para la enseñanza e instrucción personal; lugares en los que se recibe instrucción beneficiosa para el desarrollo y crecimiento Mental y Espiritual.

Teléfono

CALL USA: 1 (954) 839-4275
CALL SUECIA: 47 (760) 591 736
CALL COLOMBIA: 57 (321) 398-8567

Contact