Considera el precio
Valorar lo que Cristo dio por amor a nosotros
Conferencia espiritual
Comprados por un precio de amor
Vivimos en un mundo en crisis ética y moral, y muchos, por falta de cimientos firmes, se dejan arrastrar por las soluciones fáciles que el mundo ofrece. Frente a eso, conviene recordar una verdad que nos sostiene: fuimos comprados por un precio, y ese precio fue el amor de Cristo entregado por nosotros.
1 Corintios 6:20
Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios.
Fuimos comprados por precio: no con dinero, sino con el amor de Cristo, que se entregó por nosotros hasta el extremo. Esa entrega no fue para aplacar a un Dios airado, sino la revelación más alta del amor del Padre, que dio todo por sus hijos. Por eso, lo que tenemos no lo pagamos nosotros; nos fue dado por gracia, porque Jesús pagó el precio con su amor. Considerar ese precio cambia nuestra manera de vivir: nos llena de gratitud y nos mueve a glorificar a Dios con toda nuestra vida.
¿Te detienes a considerar el precio de amor que Cristo pagó por ti?
No buscar las soluciones del mundo
Cuando llegan las dificultades, el mundo ofrece soluciones que parecen tentadoras y fáciles: la felicidad sin límites, el placer sin freno, la libertad sin normas. Y muchos, por no tener cimientos firmes, se dejan llevar por ellas, sin considerar su verdadero costo.
Lucas 8:14
La que cayó entre espinos, éstos son los que oyen, pero yéndose, son ahogados por los afanes y las riquezas y los placeres de la vida, y no llevan fruto.
Los afanes, las riquezas y los placeres ahogan la Palabra y no dejan dar fruto. Las soluciones del mundo prometen mucho y dejan vacío; el creyente sabe que las soluciones verdaderas no están en el mundo, sino en lo alto, en la comunión con Dios. Por eso, cuando vengan los problemas, no corras primero a las salidas fáciles del mundo; busca a Dios, que de la intimidad con Él viene la respuesta. El que edifica sobre las soluciones del mundo se hunde; el que busca a Dios encuentra una solución que de verdad permanece.
Jesús, el modelo de humanidad
Dios nos dejó en Jesús el modelo perfecto de cómo vivir, un modelo válido incluso para los que aún no creen. Imitarlo no es fácil, pero no estamos solos: contamos con la ayuda del Espíritu, que nos fortalece cuando queremos bajar los brazos.
Colosenses 3:10-11
Y revestido del nuevo, el cual conforme a la imagen del que lo creó se va renovando hasta el conocimiento pleno; donde Cristo es el todo, y en todos.
Revestirnos del hombre nuevo, conforme a la imagen de Cristo: ese es el camino. Los evangelios están llenos de personas que se encontraron con Jesús y cambiaron de vida: Zaqueo, la mujer perdonada, Pedro, los discípulos. Y hoy sigue habiendo gente que se encuentra con Él, lo deja entrar en su corazón y cambia de raíz, tomando su vida de amor como modelo. No miremos los modelos pasajeros del mundo; miremos a Jesús, el modelo verdadero, y dejémonos transformar a su imagen por el Espíritu. Él nos muestra cómo es una vida plena: una vida de amor, entrega y verdad.
Llamados a la libertad
Jesús fue un hombre libre, y nos llama a esa misma libertad. Así como Dios sacó a su pueblo de la esclavitud, Cristo nos saca de todo lo que nos esclaviza: el mal, los ídolos, el miedo. Su mensaje es una llamada a la libertad.
Isaías 61:1
El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ungió el Señor; me ha enviado a predicar buenas nuevas a los abatidos, a vendar a los quebrantados de corazón, a publicar libertad a los cautivos, y a los presos apertura de la cárcel.
Jesús vino a publicar libertad a los cautivos. Esa libertad es fruto del Espíritu, y nos libera del pecado, de los ídolos que nos atan, del egoísmo que nos encierra, e incluso del miedo a la muerte, porque en Cristo resucitado la muerte no es el final, sino el paso a la vida eterna. Pero la libertad que recibimos no es para vivir para nosotros mismos, sino para amar y servir, y para trabajar por la libertad de los demás. El que de verdad ha sido liberado se olvida de su egoísmo y se entrega a los demás. Esa es la libertad que Cristo nos ganó: libres del mal, libres para amar.
Hebreos 2:14-15
Para destruir por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte, y librar a todos los que por el temor de la muerte estaban durante toda la vida sujetos a servidumbre.
¿Vives la libertad que Cristo te dio, libre del mal y libre para amar?
La Palabra, alimento y guía
Para mantenernos firmes y no dejarnos arrastrar por las soluciones del mundo, necesitamos la Palabra de Dios como alimento del alma y guía de nuestros pasos. Ella nos da luz para el camino y nos llena de la sabiduría que viene de lo alto.
Salmo 119:103-105
¡Cuán dulces son a mi paladar tus palabras! Más que la miel a mi boca. Lámpara es a mis pies tu palabra, y lumbrera a mi camino.
La Palabra de Dios es lámpara a nuestros pies, dulce como la miel. Cuando la atesoramos, nos guía, nos da inteligencia, nos aparta de los caminos de mentira. Por eso, frente a las soluciones del mundo, el creyente acude a la Palabra, que le muestra el camino verdadero. Y todo lo que hacemos guiados por ella debe nacer del amor, que es el único motivo auténtico para obrar, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones. Aliméntate de la Palabra, déjate guiar por ella, y no serás arrastrado por lo que el mundo ofrece.
Valorar lo que Cristo hizo
Cada cosa que necesitamos en la vida tiene un precio que pagar; pero lo que recibimos de Dios —la salvación, la vida nueva, la libertad— no lo pagamos nosotros: lo pagó Jesús con su entrega de amor. Considerar ese precio nos llena de gratitud y nos guarda de hacer vano su sacrificio.
Tito 3:4-5
Pero cuando se manifestó la bondad de Dios nuestro Salvador, y su amor para con los hombres, nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia.
No nos salvó por nuestras obras, sino por su misericordia, por puro amor. Cuántas veces, en cambio, miramos lo que nosotros sacrificamos —asistir a una reunión, visitar a un hermano, salir a compartir el evangelio— y lo sentimos como un peso, sin considerar el precio que Cristo pagó por nosotros. El Señor nos llama a dejar de mirarnos a nosotros mismos y a valorar lo que Él dio. Cuando consideramos su amor entregado hasta el extremo, lo que antes parecía sacrificio se vuelve respuesta agradecida de amor. Considera el precio, y vivirás con gratitud.
¿Miras lo que tú sacrificas, o valoras el precio de amor que Cristo pagó por ti?
Vivir una vida nueva en gratitud
El deseo de Dios no es hacernos sentir mal recordándonos lo que hizo, sino que, valorando su amor, vivamos una vida nueva, plena, en gratitud. Una vida que sigue el ejemplo de Jesús: de amor, entrega y verdad.
Colosenses 3:14-15
Y sobre todas estas cosas vestíos de amor, que es el vínculo perfecto. Y la paz de Dios gobierne en vuestros corazones, a la que asimismo fuisteis llamados en un solo cuerpo; y sed agradecidos.
Vestíos de amor, y sed agradecidos: esa es la vida que brota de considerar el precio. La gratitud por lo que Cristo dio nos mueve a amar, a servir, a vivir en paz. No se trata de cargar con culpa, sino de responder al amor con amor. El que de verdad valora lo que recibió no vive quejándose de lo que da, sino agradeciendo lo que se le ha dado. Deja que la gratitud por el amor de Cristo gobierne tu corazón, y tu vida se llenará de su paz y de su amor. Esa es la mejor manera de honrar el precio que Él pagó.
Conclusión: considera el precio
Fuimos comprados por un precio: el amor de Cristo entregado por nosotros. Considerar ese precio nos guarda de buscar las soluciones vacías del mundo, nos mueve a seguir a Jesús como modelo, a vivir la libertad que nos ganó, a alimentarnos de su Palabra y a vivir en gratitud. Todo lo que tenemos en Dios nos fue dado por gracia, porque Él pagó el precio con su amor.
Deja de poner los ojos en las soluciones del mundo y en lo que tú sacrificas, y considera el precio que pagó Jesús por amor a ti. Valóralo, agradécelo, y deja que esa gratitud te mueva a una vida nueva de santidad, entrega y amor, siguiendo el ejemplo de Aquel que no escatimó nada por darte vida. Porque cuando de verdad consideramos su amor, la vida cristiana deja de ser un peso y se vuelve la respuesta agradecida de quien ha sido amado hasta el extremo.
Considera el precio de amor que Cristo pagó por ti, y vive en gratitud una vida nueva de amor.