Como un globo
Una fe firme y llena, no vacía como un globo
Conferencia espiritual
La fe que Dios busca
Como creyentes sabemos la importancia de la fe: junto con el amor y la esperanza, es uno de los pilares de la vida cristiana. Sin fe es imposible agradar a Dios, porque para acercarnos a Él hace falta creer que existe y que ama a los que le buscan. Pero hay una clase de fe que Dios busca, y otra que no le sirve.
Hebreos 11:6
Pero sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan.
La fe que Dios busca no es como un globo: inflado con gas se eleva sin control y luego cae en cualquier parte, o lleno solo de aire se revienta al primer golpe. Esa fe vacía no sirve cuando más la necesitamos. Dios quiere una fe sólida, asentada firmemente sobre su Palabra, para que cuando depositemos en ella nuestras cargas, por difíciles que parezcan, podamos descansar confiados en su amor. De eso hablaremos hoy: de tener una fe firme y llena, no vacía como un globo.
¿Tu fe es firme y llena, o vacía como un globo que se revienta al primer golpe?
Una fe que puede crecer
A cada uno Dios ha dado una medida de fe, y conforme a esa medida actuamos y creemos. Pero eso no significa que la fe no pueda crecer; al contrario, puede crecer hasta llenarlo todo. Solo hay que pedírselo a Dios, como hicieron los discípulos.
Lucas 17:5-6
Dijeron los apóstoles al Señor: Auméntanos la fe. Entonces el Señor dijo: Si tuvierais fe como un grano de mostaza, podríais decir a este sicómoro: Desarráigate, y plántate en el mar; y os obedecería.
Auméntanos la fe: esa es una oración hermosa y sencilla. Si tu fe es escasa, no te desanimes; pídele a Dios que la aumente, para creer, para servirle, para descansar en Él. La fe pequeña como un grano de mostaza, si es verdadera, puede mover montañas. No se trata de tener una fe enorme de un día para otro, sino de pedirle a Dios que la haga crecer, y de alimentarla cada día. La fe que se cultiva crece; la que se descuida se queda pequeña. Pide hoy: Señor, auméntame la fe.
El peligro de una fe vacía
El problema no está en que la fe crezca, sino en que crezca vacía: como un globo que por fuera parece grande, pero por dentro está hueco, lleno solo de aire. Una fe así, cuando llegan las pruebas fuertes de la vida, se revienta, y al momento de necesitarla no la tenemos.
Mateo 13:20-21
El que fue sembrado en pedregales, éste es el que oye la palabra, y al momento la recibe con gozo; pero no tiene raíz en sí, sino que es de corta duración, pues al venir la aflicción, luego tropieza.
La fe sin raíz es de corta duración. Hay quienes tienen una fe que parece grande mientras todo va bien, pero como por dentro está vacía, al venir las dificultades se desmorona. La fe verdadera no se mide por cuán grande parece, sino por cuán llena está de la Palabra de Dios y de la confianza en Él. Una fe llena resiste los golpes; una fe vacía se revienta. Por eso, no busques solo que tu fe sea grande, sino que sea sólida, con raíces hondas en Dios, para que permanezca cuando lleguen las pruebas que todos, en este mundo, debemos atravesar.
Ni una fe que niega la prudencia
Hay otro peligro: una fe que se infla con emociones y se eleva sin control, perdiendo el equilibrio que el creyente debe tener. Es la fe que reacciona a una enseñanza mal entendida y lleva a hacer cosas imprudentes en nombre de la fe.
Eclesiastés 3:1
Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora.
Por ejemplo, quien, habiendo recibido una palabra de aliento sobre su salud, deja de tomar sus medicinas y de hacerse los estudios; su estado postrero termina peor que el primero. O quien, por una palabra de bendición, empieza a gastar de manera desordenada a cuenta de algo que aún no ha llegado, y termina endeudado y enojado con Dios. El problema no está en la palabra recibida, sino en la falta de prudencia y de espera del tiempo de Dios. La fe verdadera no se opone a la prudencia ni a la medicina; confía en Dios y a la vez actúa con responsabilidad, esperando su tiempo. Una fe sana no es imprudente; es firme y serena, no un globo que se eleva sin control.
¿Tu fe es prudente y serena, o se infla con emociones y te lleva a actuar sin equilibrio?
Llenar la fe con la Palabra de Dios
¿Cómo llenamos nuestra fe para que no esté vacía? Con la Palabra de Dios. La fe nace y crece al escuchar y meditar la Palabra; por eso, alimentarnos de ella es lo que llena nuestra fe y la hace sólida.
Romanos 10:17
Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios.
La fe viene por oír la Palabra de Dios. Por eso, para tener una fe llena y no vacía, hace falta llenarla a través de las cosas sencillas de la vida cristiana: la lectura de la Biblia, la meditación, la oración, la comunión con Dios y con los hermanos. Una fe alimentada de la Palabra tiene raíces; una fe que no se alimenta se seca. No esperes tener una fe firme sin nutrirla; llénala cada día de la Palabra y de la presencia de Dios, y crecerá sólida, capaz de sostenerte en las pruebas. La fe es como una planta: se nutre o se marchita.
También hay tiempos de sequía
Conviene saber algo: Dios también permite tiempos de sequía, de invierno espiritual, en los que parece que nada crece. No son abandono; son tiempos en que Dios obra en lo profundo, podándonos, limpiándonos, preparándonos para dar fruto.
Juan 15:2
Todo pámpano que en mí no lleva fruto, lo quitará; y todo aquel que lleva fruto, lo limpiará, para que lleve más fruto.
Dios poda la rama que da fruto, para que dé más. Las épocas de sequía, cuando no sentimos su presencia o no vemos resultados, son a veces el tiempo en que Dios hace su obra más honda en nosotros. Como el campo en invierno, que parece muerto pero se está preparando para florecer, así el alma en sus tiempos secos se prepara para una nueva primavera. Por eso, aun en la sequía, no temas: el Señor sigue contigo, te pastorea junto a aguas de reposo, y aunque andes por el valle, su vara y su cayado te infunden aliento. La fe firme no se marchita en la sequía; espera con paciencia la lluvia de Dios.
Salmo 23:4
Aunque ande en valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo; tu vara y tu cayado me infundirán aliento.
En los tiempos de sequía espiritual, ¿te marchitas, o esperas con paciencia la obra y la lluvia de Dios?
Edificar sobre la roca
Cuando nuestra fe está llena de la Palabra y arraigada en Dios, es como una casa edificada sobre la roca: vienen las lluvias, los ríos y los vientos, y no cae, porque su fundamento es firme.
Mateo 7:24-25
Cualquiera, pues, que me oye estas palabras, y las hace, le compararé a un hombre prudente, que edificó su casa sobre la roca; descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y golpearon contra aquella casa; y no cayó, porque estaba fundada sobre la roca.
La casa sobre la roca no cae, aunque la golpeen las tormentas. Esa roca es Cristo, y edificar sobre ella es oír su Palabra y vivirla. Cuando nuestra fe descansa ahí, podemos depositar sobre Él nuestras cargas con seguridad: la enfermedad, la familia, la economía, el anhelo más hondo. No porque le exijamos un resultado a la medida de nuestros deseos, sino porque confiamos en que Él, que nos ama, hará lo mejor a su tiempo. Una fe edificada sobre la roca da paz aun en la tormenta. Edifica, pues, tu fe sobre Cristo, y permanecerás firme.
Conclusión: una fe firme y llena
La fe que Dios busca no es como un globo: ni inflada de emociones que se eleva sin control, ni vacía por dentro que se revienta al primer golpe. Es una fe firme y llena: que puede crecer cuando se la pedimos a Dios, que se nutre de su Palabra, que es prudente y no imprudente, que resiste aun los tiempos de sequía, y que está edificada sobre la roca que es Cristo.
No importa la medida de tu fe hoy; pídele a Dios que la haga crecer, y llénala cada día de su Palabra, de oración y de comunión. Así, cuando lleguen las pruebas, no se reventará, sino que permanecerá firme, dándote paz. Deposita entonces sobre la roca que es Cristo tu enfermedad, tu economía, tu familia, ese anhelo por el que clamas, con la confianza serena de quien ha edificado bien. Porque la fe firme y llena, arraigada en Dios, no cae; y el que confía en el Señor no será defraudado.
Que tu fe no sea un globo vacío, sino firme y llena de la Palabra de Dios, edificada sobre la roca que es Cristo.