Camina sobre tu problema

Hacer crecer la fe hasta caminar por encima de las dificultades

 

Conferencia espiritual

 

Una fe que debe crecer

Al principio de nuestro camino con Dios, la fe es pequeña, y está bien que así sea; no debemos exigirnos más de lo que aún podemos. Pero esa fe está hecha para crecer. Si la mantenemos pequeña, cuando lleguen las tormentas de los problemas nos hundiremos; pero si la hemos hecho crecer, podremos caminar por encima de la dificultad sin hundirnos.

Romanos 12:3

Digo, pues, por la gracia que me es dada, a cada cual que está entre vosotros, que no tenga más alto concepto de sí que el que debe tener, sino que piense de sí con cordura, conforme a la medida de fe que Dios repartió a cada uno.

Dios reparte a cada uno una medida de fe, y nos toca a nosotros hacerla crecer, poniéndola en práctica y arraigando la Palabra en el corazón. Cuando comenzamos, avanzamos con calma; pero con el tiempo llegan las dificultades, y solo una fe madura nos sostiene. De eso queremos hablar: de hacer crecer la fe hasta poder caminar sobre los problemas, en lugar de hundirnos en ellos.

¿Has hecho crecer tu fe, o sigue tan pequeña que las dificultades te hunden?

Al principio, Dios abre el problema

Cuando la fe es pequeña, Dios mismo abre el problema para que podamos pasarlo, como abrió el mar para que su pueblo cruzara. En los comienzos es normal apoyarnos en la fe de otros más maduros, como el pueblo se apoyaba en Moisés. Dios es paciente y nos sostiene mientras crecemos.

Éxodo 14:21-22

Y extendió Moisés su mano sobre el mar, e hizo el Señor que el mar se retirase por recio viento oriental toda aquella noche; y volvió el mar en seco, y las aguas quedaron divididas. Entonces los hijos de Israel entraron por en medio del mar, en seco, teniendo las aguas como muro a su derecha y a su izquierda.

Dios abrió el mar porque el pueblo aún no tenía fe para enfrentar el problema; se limitaban a seguir la fe de Moisés. Eso es comprensible al principio. Muchos creyentes nuevos se apoyan en la fe de sus pastores, líderes o hermanos más maduros, y descargan sobre ellos su carga. Dios lo permite con paciencia mientras crecemos. Pero ese no puede ser el estado permanente: Dios quiere que nuestra propia fe crezca. Al principio Él abre el problema; con el tiempo, quiere enseñarnos a caminar sobre él. No te quedes para siempre dependiendo de la fe de otros.

¿Sigues dependiendo solo de la fe de otros, o estás dejando crecer la tuya propia?

Aprender a obrar con la fe propia

Llega un momento en que Dios nos deja solos frente al problema, no para abandonarnos, sino para que aprendamos a obrar con nuestra propia fe puesta en Él. Como Eliseo, que después de partir Elías, tomó el manto y golpeó él mismo las aguas, y se abrieron. Dios quiere que crezcamos hasta actuar con fe propia.

2 Reyes 2:14

Y tomando el manto de Elías que se le había caído, golpeó las aguas, y dijo: ¿Dónde está el Señor, el Dios de Elías? Y así que hubo golpeado del mismo modo las aguas, se apartaron a uno y a otro lado, y pasó Eliseo.

Eliseo tuvo que quedarse solo para obrar con su propia fe. Muchas veces es necesario que nos quedemos solos frente a una dificultad, para que dejemos de depender de la fe de otros y ejercitemos la nuestra puesta en Dios. Esas pruebas, aunque cuesten, son preciosas, porque hacen crecer nuestra fe más que el oro. No te asustes cuando te toque enfrentar algo solo; es la oportunidad de descubrir que la fe que Dios puso en ti también obra. Aprende a preguntar, como Eliseo: ¿dónde está el Dios que me sostiene? Y verás abrirse el camino. El que ejercita su fe propia crece y madura.

Cuando te toca enfrentar algo solo, ¿obras con tu propia fe en Dios, o te paralizas?

Caminar sobre el problema, como Pedro

Hay un paso más: ya no solo que Dios abra el problema o que lo crucemos, sino caminar por encima de él. Pedro, viendo a Jesús sobre el agua, pidió ir a Él, y caminó sobre las aguas mientras lo miraba. La fe madura no solo divide la dificultad; pone sobre ella un manto de fe y camina por encima sin hundirse.

Mateo 14:28-29

Entonces le respondió Pedro, y dijo: Señor, si eres tú, manda que yo vaya a ti sobre las aguas. Y él dijo: Ven. Y descendiendo Pedro de la barca, andaba sobre las aguas para ir a Jesús.

Pedro caminó sobre las aguas mientras tenía los ojos en Jesús; comenzó a hundirse cuando miró el viento y dudó. Esa es la clave: mantener la mirada en Jesús, no en el problema. La fe madura nos permite caminar por encima de las dificultades, no porque desaparezcan, sino porque confiamos en Aquel que nos llama. Cuando enfrentes una tormenta, no mires las olas; mira a Jesús que te dice ven. Pon tu manto de fe sobre el problema y camina, con los ojos en Él. El que mira a Jesús camina sobre lo que a otros los hunde; el que mira el problema, se hunde.

El Libro de Urantia — 196:0.10

La fe viva de Jesús no se desanimaba ante las dificultades; las enfrentaba con la serena confianza de quien sabe que el Padre está a su lado. Esa misma fe, cuando madura en el creyente, le permite mantenerse sereno y firme en medio de las tormentas, con los ojos puestos en Dios.

La fe viva no se desanima ante las dificultades, sino que las enfrenta con la serena confianza de quien sabe que el Padre está a su lado. Esa misma fe, cuando madura en nosotros, nos permite permanecer firmes en medio de las tormentas, con los ojos puestos en Dios. No se trata de negar el problema, sino de enfrentarlo desde la confianza. El que mantiene los ojos en Dios camina sereno donde otros se hunden, porque su fe descansa en Aquel que sostiene.

En la tormenta, ¿miras las olas del problema, o mantienes los ojos en Jesús que te sostiene?

Fe con discernimiento, no por simple emoción

Caminar sobre el problema por fe no significa actuar por simple emoción o imprudencia. No se trata de abandonar un tratamiento médico, tomar una deuda imposible o lanzarse a cualquier cosa solo porque lo sentimos. La fe verdadera va acompañada de discernimiento: nos aseguramos de que es Dios quien nos llama, como Pedro pidió a Jesús que lo mandara antes de bajar de la barca.

Mateo 14:28

Entonces le respondió Pedro, y dijo: Señor, si eres tú, manda que yo vaya a ti sobre las aguas.

Pedro no se lanzó por su cuenta; pidió a Jesús que lo mandara, y solo entonces caminó. Así debe ser nuestra fe: no una osadía imprudente, sino una obediencia confiada a un llamado claro de Dios. La fe no contradice la prudencia ni desprecia los medios que Dios provee, como la medicina; la fe los acompaña y confía en Dios por encima de todo. Antes de dar un paso de fe, asegúrate de que es Dios quien te llama; y cuando lo sea, avanza confiado. La fe con discernimiento camina firme; la emoción sin discernimiento se hunde. Camina sobre tu problema, pero por un llamado de Dios, no por impulso.

¿Tu fe es obediencia confiada a un llamado de Dios, o impulso emocional sin discernimiento?

Conclusión: camina sobre tu problema

La fe es pequeña al principio, pero está hecha para crecer. Al comienzo, Dios mismo abre el problema y nos deja apoyarnos en la fe de otros; pero quiere que crezcamos hasta obrar con fe propia, y más aún, hasta caminar por encima de las dificultades, como Pedro sobre las aguas, con los ojos puestos en Jesús.

Quizás ahora enfrentas una dificultad que parece imposible, y sientes que estás solo. No es abandono: es la oportunidad de que tu fe crezca. No mires las olas del problema; mira a Jesús, que se para sobre ese mar y te dice ven. Pon tu manto de fe sobre la dificultad y camina, sereno y firme, confiando en Aquel que te sostiene. Hazlo con discernimiento, seguro de que es Dios quien te llama, sin imprudencias ni emociones vacías. Y cuando hayas pasado, adora a Dios y dale gracias por su amor. Porque el que mantiene los ojos en Jesús camina sobre lo que a otros los hunde. Crece en fe, y camina sobre tu problema.

No te hundas en el problema: haz crecer tu fe, fija los ojos en Jesús, y camina por encima de la tormenta.

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