Cristo es todo

Salvador, libertador, guía, pastor y luz para nuestra vida

 

Conferencia espiritual

 

Cristo, el todo para nuestra vida

Cuando comprendemos en su plenitud lo que Cristo hizo por nosotros, por amor, no podemos menos que hacerlo el centro, el todo de nuestra vida. Porque Cristo es todo para quienes lo hemos encontrado: Salvador, Redentor, Libertador, Guía, Pastor, Maestro, y mucho más. En cada necesidad de nuestra vida, Él tiene algo que darnos.

Colosenses 3:11

Donde no hay griego ni judío, circuncisión ni incircuncisión, bárbaro ni escita, siervo ni libre, sino que Cristo es el todo, y en todos.

Cristo es el todo y en todos. No es una parte más de nuestra vida, junto a tantas otras; es el centro del que todo recibe sentido. Hoy queremos contemplar las muchas maneras en que Cristo es todo para nosotros, para valorarlo y amarlo más, y para no hacer vano el amor con que se entregó por nosotros. Mientras más lo conocemos, más descubrimos que de verdad Él lo es todo para el alma que lo ha recibido.

¿Es Cristo el todo de tu vida, o solo una parte entre tantas otras cosas?

Cristo, nuestro Salvador

Lo primero que conocemos de Cristo es que es nuestro Salvador. Lo vemos entregándose por amor, ofreciéndose por toda la humanidad, para que por medio de Él podamos ser salvos. Esa salvación es un regalo que el Padre ofrece gratuitamente a todos.

Lucas 2:11

Que os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es Cristo el Señor.

Nos ha nacido un Salvador: esa es la buena noticia para toda la humanidad. La salvación se ofrece a todos, y de cada uno depende recibirla o rechazarla. No es algo que ganamos, sino que recibimos: Dios da, y nosotros recibimos. Su entrega en la cruz no fue para aplacar a un Dios airado, sino la revelación más alta del amor del Padre, que dio todo por sus hijos. Por eso, reconocer a Cristo como nuestro Salvador es abrir el corazón a ese amor que se entregó por nosotros, y recibir el regalo de la vida que Él nos ofrece. Ese es el primer modo en que Cristo es todo: nuestro Salvador.

Cristo, nuestro Redentor y Libertador

Cristo no solo nos salva; nos redime y nos libera. No nos rescata para luego dejarnos a la deriva, sino que nos sostiene y nos hace libres de lo que nos esclavizaba: el pecado, el miedo, las cadenas del corazón.

Juan 8:36

Así que, si el Hijo os libertare, seréis verdaderamente libres.

Si el Hijo nos liberta, somos verdaderamente libres. Como el pueblo de Israel no solo fue sacado de Egipto, sino libertado para no volver a la esclavitud, así Cristo nos libera del todo. Pero ocurre algo curioso: a veces, como aquellos esclavos que tardaban en creer que de verdad eran libres, los creyentes tenemos la libertad y no la asumimos; seguimos viviendo como cautivos por miedo o por incredulidad. Necesitamos cruzar el mar de la duda y de la falta de entrega para vivir de verdad libres. Cristo ya rompió tus cadenas; deja la cesta de tus miedos y camina en la libertad que Él te dio. Ese es otro modo en que Cristo es todo: nuestro libertador.

¿Vives de verdad la libertad que Cristo te dio, o sigues como cautivo por miedo o incredulidad?

Cristo, nuestro Guía

Una vez rescatados y libres, necesitamos quién nos guíe por el camino, como Israel necesitó un guía en el desierto. Y Cristo es nuestro camino y nuestro guía: en cualquier dificultad, duda o problema, Él viene a mostrarnos la senda.

Juan 14:6

Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí.

Jesús es el camino. Muchos, ante tantas iglesias y opiniones, se desconciertan y no saben cuál es el camino verdadero; pero el camino no es una institución ni un hombre, es Jesús. Si quieres llegar al Padre, síguelo a Él. Como Israel seguía la nube en el desierto, deteniéndose cuando se detenía y avanzando cuando avanzaba, así nosotros seguimos a Cristo, que conoce el camino aunque nosotros no lo veamos. Dios puede guiarnos por desiertos sin caminos, porque Él los conoce. No hay mejor guía que el Creador mismo. Déjate guiar por Cristo, y no andarás perdido. Ese es otro modo en que Cristo es todo: nuestro guía.

Cristo, nuestra Luz

Cristo es también la luz del mundo, y el que lo sigue no anda en tinieblas. Sin embargo, muchos creyentes andan a menudo en oscuridad, no porque les falte la luz, sino porque no siguen de cerca a Cristo.

Juan 8:12

Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida.

El que sigue a Cristo tiene la luz de la vida. Si somos sinceros, muchos reconoceríamos que a menudo andamos en oscuridad, y eso ocurre cuando nos alejamos de Cristo, cuando dejamos de seguirlo de cerca. La solución es sencilla: dejar entrar en el corazón a Cristo, que es la luz, y seguirlo. Y entonces no solo andaremos en luz, sino que Él hará que irradiemos su luz, para brillar en este mundo oscuro. Cristo era la luz, y dejó a su pueblo para que siga brillando con su luz. Acércate a Él, síguelo, y vivirás en la luz. Ese es otro modo en que Cristo es todo: nuestra luz.

Mateo 5:14

Vosotros sois la luz del mundo; una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder.

¿Andas en la luz siguiendo de cerca a Cristo, o a menudo en oscuridad por alejarte de Él?

Cristo, nuestro Pastor

Cristo es el buen Pastor, que vigila el rebaño, lo protege del peligro, lo alimenta y lo lleva a prados verdes. Si tu alma anda hambrienta, buscando algo que la satisfaga, solo en Cristo lo hallarás.

Salmo 23:1-2

El Señor es mi pastor; nada me faltará. En lugares de delicados pastos me hará descansar; junto a aguas de reposo me pastoreará.

El Señor es mi pastor, nada me faltará. El mundo nunca ha podido saciar a un alma hambrienta; solo el buen Pastor puede. Él restaura nuestra alma, nos guía por sendas de justicia, y aun en la hora de la muerte nos lleva a salvo a un lugar mejor junto a Él. ¿Buscas algo que llene el vacío del corazón? No lo hallarás en las cosas del mundo, sino en el Pastor que te ama y se entregó por ti. Déjate pastorear por Él: te llevará a aguas de reposo, te alimentará, te cuidará. Ese es otro modo en que Cristo es todo: nuestro pastor bueno y fiel.

Mirar a Cristo, no los errores de los demás

Para que Cristo sea de verdad todo para nosotros, hace falta poner los ojos en Él, y no en los errores de la iglesia, del pastor o de los hermanos. Muchos se desconciertan o se apartan porque miran las fallas humanas en vez de mirar a Aquel que no falla.

Hebreos 12:2

Puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio.

Puestos los ojos en Jesús: ahí está la clave. Todos los seres humanos fallamos, y si ponemos la mirada en las fallas de los demás, nos desanimamos y tropezamos. Pero si la ponemos en Cristo, que no falla, permanecemos firmes. Él es el autor y consumador de la fe; en Él, y no en los hombres, está nuestra seguridad. Por eso, cuando veas fallas a tu alrededor —que las habrá, porque somos humanos—, no apartes por eso los ojos de Cristo. Míralo a Él, que es el todo; y deja que su amor te sostenga por encima de las imperfecciones humanas, las tuyas y las de los demás.

¿Pones los ojos en Cristo, o te tropiezas mirando los errores de los demás?

Cristo es todo, y para todos

Todo esto, y mucho más, es Cristo: Salvador, Redentor, Libertador, Guía, Luz, Pastor. Él padeció y se entregó por amor, para que vivamos eternamente junto a Él. Y todo lo que es, lo es para todos los que abren el corazón para recibirlo.

Apocalipsis 3:20

He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo.

Cristo está a la puerta y llama; quiere entrar y ser el todo de nuestra vida. Él es todo en todos los que le han abierto el corazón para que more y reine, en los que se dejan guiar por su Palabra, en los que andan en su luz, en los que ponen los ojos en Él y no en las fallas humanas, en los que han llenado el corazón de su amor. Para ellos, Cristo lo es todo, y nada les falta. Ábrele tú también la puerta, hazlo el centro de tu vida, y descubrirás que de verdad Cristo es todo lo que el corazón necesita.

Cristo, nuestro Maestro

Cristo es también nuestro Maestro, el que nos enseña a vivir, a amar, a perdonar. No solo nos salva y nos guía; nos forma, nos enseña el camino del Padre con su palabra y con su ejemplo. Aprender de Él es dejar que moldee nuestra manera de pensar y de vivir.

Mateo 11:29

Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas.

Aprended de mí, dice Jesús, que soy manso y humilde de corazón. Él es el Maestro que enseña no solo con palabras, sino con su vida entera de amor y humildad. Y su enseñanza no agobia, sino que da descanso al alma, porque su yugo es fácil y su carga ligera. Sentarse a sus pies a aprender, dejar que su palabra forme nuestro carácter, imitar su manera de tratar a las personas: eso es tenerlo por Maestro. El que aprende de Cristo aprende a vivir de verdad. Ese es otro modo en que Cristo es todo: nuestro Maestro, que nos enseña el camino de la vida.

¿Te sientas a aprender de Cristo, dejando que su enseñanza forme tu manera de vivir?

Cristo, nuestra paz en medio de todo

En medio de las tormentas de la vida, Cristo es también nuestra paz. No la paz que el mundo da, sino una paz que permanece aun en la dificultad, porque nace de saber que Él está con nosotros y tiene el control.

Juan 14:27

La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo.

Mi paz os doy, no como el mundo la da. La paz de Cristo no depende de que todo vaya bien, sino de su presencia en nuestra vida. Cuando lo tenemos a Él, podemos tener paz aun en medio de los problemas, porque sabemos en quién hemos confiado. El mundo no puede dar esa paz; solo Cristo. Por eso, cuando tu corazón se turbe, vuelve a Él, que es tu paz; pon en sus manos lo que te inquieta, y deja que su paz, que sobrepasa todo entendimiento, guarde tu corazón. Ese es otro modo en que Cristo es todo: nuestra paz en medio de todo. Verdaderamente, en cada necesidad del alma, Él basta.

Cuando tu corazón se turba, ¿acudes a Cristo, que es tu paz en medio de todo?

Conclusión: que Cristo sea tu todo

Cristo es todo: nuestro Salvador que nos rescata, nuestro Redentor y Libertador que nos hace libres, nuestro Guía que nos muestra el camino, nuestra Luz que disipa las tinieblas, nuestro Pastor que nos cuida y nos sacia. En cada necesidad del alma, Él tiene algo que darnos; en cada momento de la vida, Él basta.

No lo dejes como una parte más de tu vida; hazlo el centro, el todo. Recíbelo como Salvador, vive la libertad que te dio, déjate guiar por Él, anda en su luz, déjate pastorear, pon en Él los ojos y no en las fallas humanas, y llena tu corazón de su amor. Porque cuando Cristo es de verdad el todo de tu vida, nada te falta, y descubres que en Él está todo lo que el corazón buscaba. Que Cristo sea tu todo, y vivirás en plenitud.

Cristo es Salvador, libertador, guía, luz y pastor: hazlo el todo de tu vida, y nada te faltará.

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