Aún no ha llegado mi tiempo
Dejar las excusas y responder hoy al llamado de Dios
Conferencia espiritual
La excusa que posterga el cambio
Una de las excusas más comunes para no cambiar ni servir a Dios es decir: aún no ha llegado mi tiempo. Es más fácil postergar que someterse a Dios y transformarse, más cómodo esperar que poner manos a la obra. Pero esa excusa, repetida una y otra vez, termina dejando la vida igual y el propósito de Dios sin cumplir.
Juan 2:4-5
Jesús le dijo: ¿Qué tienes conmigo, mujer? Aún no ha venido mi hora. Su madre dijo a los que servían: Haced todo lo que os dijere.
En las bodas de Caná, Jesús dijo que su hora aún no había venido; sin embargo, ante la necesidad y la fe de su madre, obró su primer milagro. Hay un tiempo de Dios, sí, pero muchas veces usamos el aún no es mi tiempo como excusa para no obedecer hoy. María lo entendió bien: dijo a los que servían, haced todo lo que os dijere. De eso queremos hablar: de dejar las excusas y responder hoy al llamado de Dios.
¿Usas el ‘aún no es mi tiempo’ como excusa para no cambiar ni servir hoy?
¿Hubo de verdad conversión?
La señal de que alguien ha recibido de verdad a Cristo es que su vida cambia. Si las palabras, las actitudes, los rencores siguen siendo los mismos que antes, conviene preguntarse si hubo conversión real. Recibir a Cristo no es solo un momento emotivo; es el comienzo de una transformación que se ve en la manera de vivir.
2 Corintios 5:17
De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas.
El que está en Cristo es nueva criatura: lo viejo pasa, todo es hecho nuevo. Por eso, decir aún no es mi tiempo para cambiar suele esconder que la conversión todavía no llegó al corazón. No se trata de antigüedad en la iglesia, sino de transformación real. Examínate con sinceridad: ¿ha cambiado tu manera de vivir, de hablar, de tratar a los demás? La verdadera conversión no espera el momento perfecto; transforma desde ya. No postergues el cambio que Dios quiere obrar en ti hoy.
¿Tu vida ha cambiado de verdad desde que recibiste a Cristo, o sigue igual que antes?
No es la antigüedad, es la entrega
Algunos pretenden que en la iglesia se premie la antigüedad, como en el mundo, y se resienten cuando alguien que llegó después ocupa un lugar de servicio. Pero en las cosas de Dios no cuenta tanto el tiempo que llevamos, sino la entrega, la humildad y la obediencia. El respaldo de Dios viene por la sujeción a Él, reflejada en el testimonio, no por los años.
1 Samuel 16:7
Porque el Señor no mira lo que mira el hombre; pues el hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero el Señor mira el corazón.
Dios no mira la antigüedad ni las apariencias; mira el corazón. Por eso usa al que se ha entregado de verdad, al que se ha convertido y vive en obediencia, aunque lleve poco tiempo. No te resientas si otro es usado; pregúntate más bien si tu corazón está entregado. El que vive sujeto a Dios, humilde y obediente, lleva su respaldo, sin importar los años. No esperes que la antigüedad te dé lo que solo da la entrega del corazón. Dios usa al corazón rendido, no al reloj.
¿Esperas reconocimiento por tu antigüedad, o le entregas a Dios tu corazón para que te use?
Los dos hijos: las palabras y los hechos
Jesús contó de un padre que pidió a sus dos hijos ir a trabajar a su viña. Uno dijo que no, pero después se arrepintió y fue; el otro dijo que sí, pero no fue. El que hizo la voluntad del padre fue el primero. Esta parábola desnuda la diferencia entre las palabras y los hechos, entre prometer y obedecer.
Mateo 21:28-31
Pero ¿qué os parece? Un hombre tenía dos hijos, y acercándose al primero, le dijo: Hijo, ve hoy a trabajar en mi viña. Respondiendo él, dijo: No quiero; pero después, arrepentido, fue. Y acercándose al otro, le dijo de la misma manera; y respondiendo él, dijo: Sí, señor, voy. Y no fue. ¿Cuál de los dos hizo la voluntad de su padre?
Hay quienes, como el primer hijo, al principio se resisten, pero luego se arrepienten de verdad y obedecen; y hay quienes, como el segundo, prometen mucho con los labios pero su corazón está lejos, y no hacen nada. Dios prefiere el arrepentimiento sincero que se traduce en hechos, antes que las promesas vacías. No basta decir sí, Señor; hay que ir a la viña. Pregúntate cuál de los dos hijos eres. El Señor te dice hoy: ve a trabajar en mi viña; no respondas solo con palabras, responde con la vida. El que obedece de hecho, aunque tarde, hace la voluntad del Padre.
¿Eres del que promete y no cumple, o del que, aun resistiéndose al principio, termina obedeciendo?
Flores sin fruto
Algunos llegan a la iglesia mostrando entusiasmo, prometiendo grandes cosas, queriendo ocupar todos los lugares; pero cuando llega el momento de servir o de prepararse, no están. Son como una planta que da hermosas flores pero no llega a dar fruto. Las palabras hermosas no bastan; Dios busca fruto que permanezca.
Juan 15:8
En esto es glorificado mi Padre, en que llevéis mucho fruto, y seáis así mis discípulos.
El Padre es glorificado en que llevemos mucho fruto. No basta florecer en palabras; hace falta dar fruto en hechos. El que dice querer servir pero nunca se compromete, el que promete mucho pero no se prepara, es flor sin fruto. La verdadera conversión se nota en el fruto que permanece: una vida cambiada, un servicio constante, una obediencia humilde. No te quedes en las flores de las buenas intenciones; pide a Dios dar fruto de verdad. El discípulo se conoce por su fruto, no por sus promesas.
¿Das fruto que permanece, o te quedas en flores de buenas intenciones que nunca cuajan?
El tiempo de responder es hoy
Puede que falte tiempo aún para algunas cosas, pero para responder al llamado de Dios, el tiempo es hoy. Dios escudriña el corazón antes de oír los labios; no le sirven las excusas perfectas. Lo que Él espera es que el que recibió a Cristo se convierta de verdad y ponga su vida al servicio de su voluntad, sin postergarlo.
Hebreos 3:15
Entre tanto que se dice: Si oyereis hoy su voz, no endurezcáis vuestros corazones, como en la provocación.
Hoy, si oyes su voz, no endurezcas el corazón. La Escritura insiste en el hoy, porque el mañana de las excusas nunca llega. Dios conoce el corazón; sabe si el aún no es mi tiempo es prudencia verdadera o simple excusa para no obedecer. No dejes para mañana la entrega que Dios te pide hoy. El tiempo es breve, y Él no nos da bendiciones para que las gastemos en postergar y cuestionar, sino para responder. Escucha hoy su voz, y responde con un corazón dispuesto. El que responde hoy no pierde su tiempo; el que siempre lo posterga, lo desperdicia.
El Libro de Urantia — 156:5.19
No esperéis un mañana mejor para hacer la voluntad de Dios; el momento de responder a su llamado es siempre el presente. Cada día que se posterga la entrega del corazón se endurece un poco más la voluntad. La fe verdadera responde hoy, sin demoras ni excusas.
El momento de responder al llamado de Dios es siempre el presente, no un mañana mejor. Cada día que se posterga la entrega del corazón, la voluntad se endurece un poco más. Por eso la fe verdadera responde hoy, sin demoras ni excusas. No esperes a sentirte listo o a que llegue un tiempo perfecto que quizás nunca llegue; responde ahora. El que entrega hoy su corazón a Dios encuentra que Él lo capacita para lo que le pide. Hoy es el día de decir: heme aquí, Señor.
¿Postergas la entrega para un mañana que no llega, o respondes a Dios hoy mismo?
Conclusión: deja las excusas y responde
Aún no ha llegado mi tiempo suele ser una excusa para no cambiar ni servir. Pero la señal de la verdadera conversión es una vida transformada, y lo que Dios busca no es antigüedad ni promesas, sino corazones entregados que den fruto. Como en la parábola de los dos hijos, lo que vale no son las palabras, sino los hechos; y como advierte la Escritura, no debemos quedarnos en flores sin fruto.
El tiempo de responder al llamado de Dios es hoy, porque Él escudriña el corazón y conoce nuestras excusas. No postergues la entrega para un mañana que nunca llega; cada demora endurece un poco más la voluntad. Conviértete de verdad, deja las excusas, y responde como el primer hijo: con hechos, no solo con palabras. Pon tu vida al servicio de Dios, desarrolla los dones que te dio, y da fruto que permanezca. Porque el que responde hoy a su llamado halla que Dios lo capacita y lo bendice. No digas aún no es mi tiempo; di más bien: heme aquí, Señor, hoy.
No digas ‘aún no es mi tiempo’: deja las excusas, conviértete de verdad, y responde hoy al llamado de Dios.