El alimento viene de Dios

No eres tú, es Él quien obra a través de ti

 

Conferencia espiritual

 

Una mentira que nos detiene

Hay una idea que detiene a muchos creyentes y les impide compartir su fe: pensar que el alimento espiritual que damos a otros depende de nosotros mismos, de nuestros conocimientos, de nuestros años en la fe. Y al sentirse poco preparados, callan, se hacen a un lado, y no acercan a nadie a Dios. Pero esa idea es falsa, porque el alimento espiritual no viene de nosotros: viene de Dios.

Juan 8:31-32

Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos; y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres.

La verdad nos hace libres, también de esta idea que nos paraliza. No somos la fuente del alimento; somos solo el canal. Dios es quien nutre las almas, y se vale de nosotros, de nuestra disposición, para hacerlo. Por eso, no se trata de cuánto sabemos, sino de cuánto nos dejamos usar por Él. El más sencillo de los creyentes, puesto en las manos de Dios, puede llevar su amor a otros.

¿Te has callado por sentirte poco preparado para hablar del amor de Dios?

Abre tu boca, y yo la llenaré

Dios mismo nos da la clave para vencer el miedo a no ser capaces. No nos pide que tengamos todas las respuestas; nos pide disponibilidad, y Él pone lo demás.

Salmo 81:10

Yo soy el Señor tu Dios, que te hice subir de la tierra de Egipto; abre tu boca, y yo la llenaré.

Abre tu boca, y yo la llenaré: qué promesa tan liberadora. Nuestra parte es abrirnos, disponernos, atrevernos; la parte de Dios es llenar, dar las palabras, obrar en el corazón del que escucha. Somos herramientas en sus manos, y Él obra cuando nos ofrecemos para el servicio. No esperes sentirte erudito para compartir tu fe; basta un corazón dispuesto y un amor sincero. Abre la boca con humildad, y deja que Dios la llene; te sorprenderá lo que Él puede decir a través de ti.

El Libro de Urantia — Documento 159:3.4

Al compartir el evangelio, no confiéis en vuestra propia sabiduría, sino en el espíritu que obra en vosotros. Dios capacita al alma dispuesta; lo que falta en conocimiento humano lo suple con su presencia, y habla por medio del que se ofrece con amor a su servicio.

Dadles vosotros de comer

Cuando las multitudes tenían hambre y se hacía tarde, los discípulos le dijeron a Jesús que las despidiera para que fueran a comprar comida. Pero Jesús les respondió con unas palabras que también son para nosotros.

Mateo 14:16

Jesús les dijo: No tienen necesidad de irse; dadles vosotros de comer.

Dadles vosotros de comer. Los discípulos, que habían visto el poder de Dios, dudaron de su capacidad y quisieron enviar a la gente a otra parte. Y eso hacemos nosotros muchas veces: cuando alguien busca a Dios a través de nosotros, lo mandamos al pastor o al hermano que sabe más, en vez de compartir lo que tenemos. Pero a veces esa alma se desanima, porque no ve en nosotros ni el amor ni la disposición para ayudarla, y deja de buscar. Jesús nos dice: no la envíes lejos, dale tú de comer. Lo que Dios puso en ti, por poco que parezca, basta para alimentar a quien tiene hambre, porque Él lo multiplica.

¿Cuántas veces has enviado a otros a buscar lo que tú mismo podías compartir?

La multiplicación de lo poco

En aquel milagro, Jesús preguntó cuántos panes tenían. Eran muy pocos para tanta gente. Pero al ponerlos en sus manos, los multiplicó hasta saciar a la multitud, y aún sobró. Lo mismo hace con lo poco que nosotros tenemos.

Mateo 15:34,36

Y Jesús les dijo: ¿Cuántos panes tenéis? Y ellos dijeron: Siete, y unos pocos pececillos. Y tomó los siete panes y los peces, y dio gracias, los partió y dio a sus discípulos, y los discípulos a la multitud.

Cuando Dios te pregunta cuántos panes tienes, es para que mires lo que sí tienes y lo pongas en sus manos. No mires lo que te falta; ofrece lo que tienes, aunque te parezca poco: tu testimonio, tu amor, lo poco que has aprendido. En las manos de Dios, ese poco se multiplica y alcanza para muchos. El milagro no está en tener mucho, sino en entregar lo poco con fe. No digas: no tengo nada que dar; di: Señor, esto es lo que tengo, úsalo. Y verás cómo Él lo multiplica para bendecir a otros.

Zacarías 4:6

No con ejército, ni con fuerza, sino con mi Espíritu, ha dicho el Señor de los ejércitos.

No es por nuestras fuerzas

La obra de alimentar a otros no la hacemos con nuestras propias fuerzas ni con nuestra sabiduría humana, sino con el Espíritu de Dios. Esto nos quita un gran peso de encima: no depende todo de nosotros.

2 Corintios 4:7

Pero tenemos este tesoro en vasos de barro, para que la excelencia del poder sea de Dios, y no de nosotros.

Somos vasos de barro, sencillos y limitados, pero llevamos dentro un tesoro: el amor de Dios. Cuando compartimos ese tesoro, la fuerza no es nuestra, es de Dios; por eso ni el orgullo tiene lugar, ni el desánimo. No te creas más de lo que eres, pero tampoco menos: en las manos de Dios, tu debilidad se vuelve instrumento de su poder. El que entiende esto sirve con libertad y con paz, sabiendo que la obra es de Dios y que Él la lleva adelante a través de quien se ofrece con amor.

¿Confías en que la obra es de Dios, o cargas tú solo con el peso de hacerla?

Libres para servir

Jesús nos hizo libres, y parte de esa libertad es atrevernos a servir sin las cadenas del miedo y de la inseguridad. Libres para hablar de su amor, para acompañar al que sufre, para compartir lo que hemos recibido.

Juan 6:51

Yo soy el pan vivo que descendió del cielo; si alguno comiere de este pan, vivirá para siempre.

El que ha comido del pan de vida tiene algo que dar, porque da de lo que ha recibido. No hablamos de Dios por tener conocimientos, sino por haber probado su amor. Y eso lo puede compartir cualquiera. No dejes que el miedo a no ser capaz te robe el gozo de ser canal del amor de Dios. Eres libre para aprender lo que necesites, libre para dar lo que tienes, libre para dejar que Dios obre a través de ti. Usa esa libertad para servir, y serás de bendición para muchos.

Maestros llenos de la verdad de Jesús

Dios nos llama a no quedarnos pasivos, sino a compartir su verdad con amor, en el momento oportuno, con paciencia. A ser, cada uno en su medida, portadores de la sana enseñanza del amor de Cristo.

2 Timoteo 4:2

Que prediques la palabra; que instes a tiempo y a destiempo; redarguye, reprende y exhorta con toda paciencia y doctrina.

Compartir la verdad de Jesús no es solo tarea de unos pocos; es de todos los que la han recibido. Y no se trata de imponer ni de discutir, sino de transmitir con amor y con paciencia lo que Dios nos ha enseñado. En un tiempo en que abundan los mensajes torcidos, el mundo necesita escuchar la verdad sencilla del amor de Dios, y tú puedes ser quien la lleve. No esperes a sentirte experto; comienza ya, con lo que tienes, dejando que Dios te llene. Así te conviertes, poco a poco, en un servidor lleno de la verdad y el amor de Cristo.

¿Estás dispuesto a compartir la verdad del amor de Dios con quienes te rodean?

Lo que damos lo hemos recibido primero

Nadie puede dar lo que no tiene. Por eso, para alimentar a otros, primero tenemos que alimentarnos nosotros del amor y la verdad de Dios. El que se nutre cada día de su Palabra y de su presencia tiene de dónde dar; el que está vacío, poco puede ofrecer.

Mateo 12:34-35

Porque de la abundancia del corazón habla la boca. El hombre bueno, del buen tesoro del corazón saca buenas cosas.

De la abundancia del corazón habla la boca. Si llenamos el corazón del amor de Dios, eso es lo que saldrá hacia los demás; si lo llenamos de quejas y vacío, eso es lo que daremos. Por eso, antes de preocuparnos por no tener qué dar, ocupémonos de recibir: bebamos cada día del pan de vida, dejémonos llenar por Dios. De un corazón lleno de su amor brotará naturalmente el alimento para otros. No tienes que fabricar nada; solo deja que Dios te llene, y luego deja que se desborde hacia los que tienen hambre.

¿Te estás alimentando tú del amor de Dios, para tener de dónde dar a otros?

Cada uno alimenta a su manera

Compartir el alimento espiritual no significa que todos debamos hacerlo igual. Dios da a cada uno dones distintos, y cada quien alimenta a otros a su manera: unos con la palabra, otros con el ejemplo, otros con la cercanía, otros con el servicio.

1 Pedro 4:10-11

Cada uno según el don que ha recibido, minístrelo a los otros. Si alguno habla, hable conforme a las palabras de Dios; si alguno ministra, ministre conforme al poder que Dios da.

No tienes que ser predicador para alimentar a otros. Quizá tu manera sea escuchar al que sufre, acompañar al solo, dar un consejo sencillo, mostrar con tu vida el amor de Dios. Todo eso alimenta el alma de los demás. No te midas con la vara de otro ni pienses que tu forma de servir vale menos. Descubre cómo te hizo Dios, qué don puso en ti, y aliméntalo a otros desde ahí. Lo importante no es la manera, sino el amor con que lo hagas. Cada uno, con lo suyo, puede ser canal del alimento que viene de Dios.

El Libro de Urantia — Documento 100:7.1

Cada alma sirve según el don que ha recibido. No hay una sola manera de amar y de alimentar a los demás; lo que importa es el amor con que se sirve. Dios usa la variedad de sus hijos para llevar su alimento al mundo de mil maneras distintas.

¿Cuál es tu manera particular de alimentar a otros con el amor de Dios?

Conclusión: abre tu boca, Dios la llenará

El alimento espiritual no viene de ti, viene de Dios; tú eres solo el canal por el que Él lo da. No dejes que la idea de no ser capaz te impida cumplir tu parte en su obra. No envíes lejos a quien Dios pone delante de ti; dale tú de comer, comparte lo que has recibido, confiando en que Dios multiplicará lo poco que tienes.

Entrégate al Señor, permanece en su Palabra, y serás libre del miedo que te paraliza. Abre tu boca con humildad y con amor, y Él la llenará; ofrece lo poco que tienes, y Él lo multiplicará para saciar a muchos. No por tu sabiduría, sino porque has comido del pan de vida y das de lo que recibiste. Comienza hoy a ser canal del alimento que viene de Dios, y verás cómo, a través de ti, muchas almas son saciadas con su amor.

El alimento viene de Dios: abre tu boca con amor, y Él la llenará para saciar a muchos.

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