Día de reyes

Buscar y adorar a Jesús, dándole el corazón en lugar de solo recibir

 

Conferencia espiritual

 

Más allá de la tradición

El mundo celebra el día de reyes con regalos y costumbres. No se trata de romper las ilusiones de los niños, sino de tener claridad sobre lo que el hombre ha establecido, para quedarnos con lo que de verdad enseña la Escritura. Detrás de la tradición popular hay un relato profundo que muchas veces pasamos por alto: el de unos hombres que dejaron todo para buscar y adorar a Jesús.

Mateo 2:1-2

Cuando Jesús nació en Belén de Judea en días del rey Herodes, vinieron del oriente a Jerusalén unos magos, diciendo: ¿Dónde está el rey de los judíos, que ha nacido? Porque su estrella hemos visto en el oriente, y venimos a adorarle.

El mundo se prepara para recibir regalos; la Escritura nos muestra a unos hombres que se prepararon para dar y adorar. Esa es la primera lección: el centro del relato no son los regalos que recibimos, sino el Rey que buscamos y a quien entregamos lo mejor. De eso queremos hablar hoy: de buscar a Jesús con todo el corazón, de adorarle, y de darle a Él en lugar de solo esperar recibir.

¿Esperas sobre todo recibir, o has aprendido a buscar a Jesús para darle lo mejor de ti?

La estrella que indica el nacimiento de Cristo en ti

A los magos una estrella les indicó el nacimiento del Rey. Es notable: hombres que estaban lejos, que no pertenecían al pueblo de Dios, vieron la estrella y la siguieron, mientras los que estaban cerca no se dieron cuenta. Así sucede también hoy: a cada uno, Dios le marca de alguna manera el nacimiento de Cristo en su corazón.

Juan 8:12

Otra vez Jesús les habló, diciendo: Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida.

Cuando Cristo nace en nosotros, una luz comienza a iluminar nuestra vida, a separarnos de las tinieblas, a mostrarnos que dejamos atrás la vieja vida. Dios tiene una manera especial de captar la atención de cada uno, de hacerle ver su estrella. Quizás a ti ya te la mostró: una palabra que llegó al corazón, una circunstancia, una paz inesperada, una inquietud por buscarle. No ignores esa luz. Síguela, como los magos siguieron la estrella, y te llevará hasta Jesús. El que sigue la luz que Dios le muestra no anda en tinieblas.

¿Has reconocido la luz con que Dios te ha mostrado a Cristo? ¿La estás siguiendo?

Buscar a Jesús sin poner excusas

Los magos no se fijaron en distancias ni en molestias; solo les importaba encontrar a Jesús para adorarle. Tenían posesiones y familia, pero nada de eso los detuvo. En cambio, cuántas personas, teniendo a Cristo cerca, no hacen nada por hallarle, distraídas por los bienes, los amigos, el qué dirán, o el temor a lo que tendrían que dejar.

Mateo 6:33

Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas.

Buscar primero el reino significa poner a Jesús por encima de las excusas. Muchos prefieren seguir en lo que conocen antes que dar el paso hacia la libertad que Cristo ofrece; se quedan pensando en lo que tendrían que cambiar o dejar. Pero los magos nos enseñan otra actitud: dejar lo que sea necesario con tal de encontrar al Rey. No pongas excusas para buscar a Jesús. Lo que tengas que reordenar en tu vida no se compara con el gozo de hallarle. El que busca de verdad, encuentra; el que pone excusas, se queda lejos.

¿Qué excusas estás poniendo para no buscar a Jesús con todo tu corazón?

Avanzar aunque haya oposición

El nacimiento de Jesús turbó a Herodes y a Jerusalén; hubo quienes quisieron destruir al Rey desde el principio. También en nuestro caminar pueden surgir oposiciones: nuestras propias tendencias al desánimo, voces que nos quieren apartar, dificultades que intentan apagar la luz que vimos. Pero la protección de Dios acompañó a los magos, y acompaña también a quien busca a Cristo de verdad.

Salmos 32:8

Te haré entender, y te enseñaré el camino en que debes andar; sobre ti fijaré mis ojos.

Cuando Cristo nace en tu corazón, no faltarán cosas que intenten apartarte: el desánimo, las críticas, las viejas costumbres, el temor. Pero Dios te guía y te guarda. No necesitas que todos te acompañen; aunque debas avanzar incluso a solas, sigue los pasos de Jesús con la mirada puesta en Él, como los magos en la estrella. A medida que avanzas, el camino se va abriendo. No te detengas por la oposición; la luz de la Palabra iluminará tu camino hasta el Rey. El que avanza confiando en Dios llega a destino.

¿Qué oposición —externa o interna— te quiere apartar del camino hacia Cristo?

No basta el conocimiento: hay que actuar

Los magos, que estaban lejos, buscaron a Jesús; los escribas y sacerdotes, que conocían las profecías, no se movieron. Esto nos enseña que no basta saber acerca de Cristo: hay que buscarle y obedecerle. De nada sirve conocer la Escritura, leerla u orar, si no lo ponemos por obra. El conocimiento que no se vive no transforma.

Santiago 1:22

Pero sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos a vosotros mismos.

Hay quienes saben mucho de la Biblia y de Cristo, pero su vida no cambia, porque solo se quedan en el conocimiento. Los escribas sabían dónde nacería el Mesías, pero no fueron a adorarle; los magos sabían menos, pero actuaron. Pregúntate de qué te sirve lo que sabes si no lo vives. Sé hacedor de la Palabra, no solo oidor. Que tu conocimiento de Cristo se traduzca en una vida que lo busca, lo adora y lo obedece. El conocimiento vivido es el que da fruto.

¿Tu conocimiento de Cristo se queda en la cabeza, o se traduce en una vida que lo busca y obedece?

Llevar a otros la luz que recibiste

Tú que conociste a Cristo no debes guardarte ese tesoro. Hay personas a tu alrededor que aún no han visto la luz, que necesitan que alguien les muestre el camino. Así como a ti te fue revelado, tú puedes acercar a otros al Rey, sobre todo a los que amas, para que también ellos reciban las bendiciones de Cristo.

Mateo 5:16

Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos.

La luz que recibimos no es solo para nosotros; es para alumbrar a otros. No seas como los habitantes de Jerusalén, que teniendo tan cerca el suceso no se enteraron, ni te conformes con comentarlo a un pequeño círculo. Tú viviste el nacimiento de Cristo en tu propia vida; deja que tu testimonio y el cambio en ti hablen a los que te rodean. Acerca a tus seres queridos a la luz, para que también ellos encuentren al Rey. El que recibió la luz está llamado a compartirla.

¿A quién que amas podrías acercar hoy a la luz de Cristo que tú ya recibiste?

¿Qué le das al Rey?

Los magos no fueron a recibir, sino a dar: se llenaron de gozo, adoraron y abrieron sus tesoros para ofrecer oro, incienso y mirra. Oro, por ser un regalo digno de un rey; incienso, que al quemarse sube como nuestras oraciones; mirra, perfume que también hablaba de entrega y sacrificio. Cada regalo era una entrega del corazón.

Romanos 12:1

Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional.

Y tú, ¿qué le das al Rey? El mejor tesoro que puedes ofrecerle es tu corazón, tu vida entera presentada a Dios. Postrarte a adorarle con sinceridad, orar de corazón para que tus oraciones suban como incienso, vivir una entrega que tenga el perfume de la mirra: eso es lo que Dios desea. No vengas solo a recibir; ven a dar. Entrégale a Jesús lo más preciado que tienes, que es tu corazón, porque de él brota la vida. El que da su corazón al Rey ha dado el mejor de los regalos.

El Libro de Urantia — 196:0.10

El don supremo que el hombre puede ofrecer a Dios es la consagración sincera y amorosa de la voluntad, el entregar de corazón la vida entera para hacer la voluntad del Padre. Esa es la verdadera adoración, mucho más grata a Dios que cualquier ofrenda material.

El mayor don que podemos ofrecer a Dios no es algo material, sino la entrega sincera y amorosa de nuestra voluntad y de nuestra vida para hacer la suya. Esa es la verdadera adoración. Los magos dieron oro, incienso y mirra; nosotros podemos dar algo mayor: el corazón entero, la voluntad rendida, la vida puesta al servicio de Dios. Ese es el regalo que más le agrada al Rey.

¿Cuál es el tesoro que le ofreces a tu Rey? ¿Le has dado de verdad tu corazón?

Conclusión: busca, adora y entrégale tu corazón

El día de reyes nos recuerda a unos hombres que dejaron todo para buscar a Jesús, lo adoraron y le dieron lo mejor. Mientras el mundo se prepara para recibir, los magos nos enseñan a buscar, adorar y dar. Dios te ha mostrado su luz; síguela sin poner excusas, avanza aunque haya oposición, y no te quedes solo en el conocimiento: vive lo que sabes.

Lleva a otros la luz que recibiste, sobre todo a los que amas. Y, por encima de todo, pregúntate qué le das al Rey. El mejor regalo no es material: es tu corazón, tu voluntad rendida, tu vida entregada para hacer la voluntad de Dios. Eso es la verdadera adoración. No vengas solo a esperar regalos; ven a postrarte ante Jesús y a darle lo más preciado que tienes. El que busca al Rey con todo el corazón lo encuentra, y el que le entrega su vida halla la verdadera bendición.

Como los magos, busca a Jesús sin excusas, adórale, y entrégale el mejor tesoro: tu propio corazón.

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