Busca lo perdido
Recuperar con diligencia lo que se ha dejado perder
Conferencia espiritual
El dolor de ver lo que se ha perdido
Causa dolor ver a hermanos que han perdido todo o parte de lo que habían avanzado en su camino con Dios: un don que dejaron de usar, un ministerio que abandonaron, el fervor que un día tuvieron. Muchas veces eso ocurre por inmadurez, por no discernir lo que es de Dios y lo que no, y entonces se dejan llevar por cosas que los apartan de su propósito. Pero lo perdido se puede recuperar.
Lucas 15:8-9
¿O qué mujer que tiene diez dracmas, si pierde una dracma, no enciende la lámpara, y barre la casa, y busca con diligencia hasta encontrarla? Y cuando la encuentra, reúne a sus amigas y vecinas, diciendo: Gozaos conmigo, porque he encontrado la dracma que había perdido.
La mujer de la parábola no se resignó a su pérdida: encendió la luz, barrió la casa y buscó con diligencia hasta encontrar la moneda. Así debemos hacer nosotros con lo que hemos dejado perder en nuestra vida espiritual. De eso queremos hablar: de no resignarnos a lo perdido, sino buscarlo con diligencia, a la luz de Dios, hasta recuperarlo.
¿Qué has dejado perder en tu vida espiritual: un don, un ministerio, el fervor del principio?
Conocer el valor de lo que tenemos
La mujer buscó su moneda porque sabía su valor. Muchos pierden sus dones o su ministerio porque no conocen el valor de lo que Dios les dio, o no le dan la importancia que tiene. Cuando no valoramos lo que el Señor pone en nuestras manos, lo dejamos perder con facilidad, sin notar que con ello se pierde el propósito de Dios para nuestra vida.
1 Pedro 1:18-19
Sabiendo que fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir, la cual recibisteis de vuestros padres, no con cosas corruptibles, como oro o plata, sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación.
Fuimos rescatados a un precio altísimo: la entrega de Cristo por amor. Si Dios nos valoró tanto, ¿cómo no vamos a valorar los dones y el llamado que nos dio? El que conoce el valor de lo que ha recibido no lo descuida ni lo deja perder. Pregúntate si has valorado lo que Dios puso en ti, o si lo has tenido en poco. Reconocer su valor es el primer paso para buscarlo cuando se ha perdido. Lo que Dios te dio es precioso; no lo dejes tirado en cualquier rincón.
¿Valoras los dones y el llamado que Dios te dio, o los has tenido en poco?
La inmadurez nos hace dejar perder lo valioso
Muchas veces dejamos perder lo valioso por falta de madurez espiritual. El que no se ha alimentado bien de la Palabra, el que no ha crecido en discernimiento, es presa fácil de lo que lo aparta de Dios: la murmuración, las malas amistades, las distracciones. Su fe, como una planta de raíz débil, no alcanza a sostener el don o el ministerio que comenzaba a brotar.
Hebreos 5:14
Pero el alimento sólido es para los que han alcanzado madurez, para los que por el uso tienen los sentidos ejercitados en el discernimiento del bien y del mal.
El alimento sólido es para los maduros, que tienen los sentidos ejercitados en el discernimiento. El que madura sabe distinguir lo que edifica de lo que destruye, y por eso no deja perder lo que Dios le dio; y si algo se le pierde, lo busca hasta hallarlo. La inmadurez, en cambio, nos vuelve descuidados y vulnerables. Por eso, busca crecer: aliméntate de la Palabra, profundiza tu comunión con Dios, ejercita el discernimiento. El que madura cuida lo valioso; el que se queda en la infancia espiritual lo deja perder. Crece, para no perder lo que Dios te confió.
¿Has crecido en madurez y discernimiento, o sigues siendo presa fácil de lo que te aparta de Dios?
Encender la luz para buscar
Lo primero que hizo la mujer fue encender la lámpara. No se puede buscar bien en la oscuridad. Para recuperar lo que hemos perdido, necesitamos la luz de la Palabra de Dios, que alumbra nuestra vida y nos muestra dónde quedó olvidado aquel don o aquel fervor.
Salmos 119:105
Lámpara es a mis pies tu palabra, y lumbrera a mi camino.
La Palabra de Dios es lámpara a nuestros pies. A su luz podemos examinar nuestra vida y descubrir en qué momento y por qué dejamos perder lo que Dios nos dio. No busques a tientas, en la oscuridad de tus propios razonamientos; enciende la luz de la Palabra y deja que ella alumbre cada rincón de tu vida. El que busca a la luz de Dios encuentra; el que busca en tinieblas se cansa sin hallar. Enciende hoy esa luz, y empieza a buscar lo que perdiste.
El Libro de Urantia — 131:10.4
La verdad de Dios es como una luz que disipa las tinieblas del alma. El que busca sinceramente a la luz de esa verdad recobra lo que había perdido y vuelve a hallar el camino, porque Dios nunca abandona al que de corazón vuelve a buscarlo.
La verdad de Dios es luz que disipa las tinieblas del alma; el que busca a la luz de esa verdad recobra lo que había perdido y vuelve a hallar el camino. Dios nunca abandona al que de corazón vuelve a buscarlo. Por eso, no busques en la oscuridad ni con desánimo; busca a la luz de Dios, confiado en que el que vuelve a Él recupera lo perdido. La luz de la verdad alumbra el lugar exacto donde dejaste lo que ahora quieres recobrar.
¿Buscas lo perdido a la luz de la Palabra de Dios, o a tientas en tus propios razonamientos?
Barrer la casa: limpiar la vida
Después de encender la luz, la mujer barrió la casa. Para encontrar lo perdido, hay que limpiar la vida. Nuestro cuerpo es templo del Espíritu; en él están la mente y el corazón. Si la mente está llena de vanidad o el corazón sucio, quizás en medio de esa suciedad se halla escondido lo que perdimos.
2 Timoteo 2:21
Así que, si alguno se limpia de estas cosas, será instrumento para honra, santificado, útil al Señor, y dispuesto para toda buena obra.
El que se limpia se vuelve instrumento útil al Señor, dispuesto para toda buena obra. Limpiar la mente de ideas torcidas, limpiar el corazón de amargura y rencor, es como barrer la casa para encontrar lo perdido. Muchas veces el don o el fervor no se ha ido del todo; está sepultado bajo lo que necesita limpieza. Pide a Dios que limpie tu vida, y verás aparecer lo que creías perdido. La casa limpia hace fácil hallar lo que se busca; el corazón limpio recupera lo que la suciedad escondía.
¿Necesitas barrer tu casa interior —mente y corazón— para encontrar lo que has perdido?
Buscar con diligencia, sin quedarse lamentando
La mujer buscó con diligencia hasta encontrar la moneda. No se quedó llorando por la pérdida; se puso a buscar. Es tiempo de que dejemos de soñar con el pasado o de lamentarnos en los rincones por lo perdido, y nos pongamos a buscarlo con diligencia, con fe y con paciencia.
Hebreos 6:11-12
Pero deseamos que cada uno de vosotros muestre la misma solicitud hasta el fin, para plena certeza de la esperanza, a fin de que no os hagáis perezosos, sino imitadores de aquellos que por la fe y la paciencia heredan las promesas.
Dios nos pide solicitud, no pereza; que por la fe y la paciencia heredemos las promesas. Lamentarse no recupera nada; buscar con diligencia, sí. Dios no es injusto para olvidar tu trabajo y tu amor; lo que sembraste no se perdió del todo para Él. Así que no te quedes paralizado por la nostalgia o el desánimo; levántate y busca con diligencia lo que dejaste perder, hasta recuperarlo. El que busca con fe y paciencia vuelve a hallar; el que solo se lamenta, se queda con las manos vacías. Ponte a buscar hoy.
¿Te quedas lamentando lo perdido, o te pones a buscarlo con diligencia hasta recuperarlo?
Conclusión: enciende, limpia y busca
No te resignes a lo que has dejado perder en tu vida espiritual. Como la mujer de la parábola, conoce el valor de lo que Dios te dio, enciende la luz de su Palabra, barre tu casa interior limpiando mente y corazón, y busca con diligencia hasta recuperarlo. La inmadurez nos hace descuidados; la madurez nos enseña a cuidar y a recobrar lo valioso.
Dios nunca abandona al que de corazón vuelve a buscarlo; el que busca a la luz de su verdad recupera lo perdido y vuelve a hallar el camino. No te quedes soñando con el pasado ni llorando en los rincones; levántate, enciende la luz, limpia tu vida y busca con fe y paciencia. Aquel don, aquel ministerio, aquel fervor que creías perdido, puede volver a tus manos si lo buscas como buscó la mujer su moneda. Y cuando lo encuentres, habrá gozo en tu corazón y en el cielo. Busca, pues, lo perdido, a la luz de Dios, hasta encontrarlo.
No te resignes a lo perdido: enciende la luz de la Palabra, limpia tu vida, y busca con diligencia hasta hallarlo.