Afila tu hacha

Mantener la comunión diaria con Dios para no perder la fuerza

 

Conferencia espiritual

 

El hachero que no afilaba su hacha

Cuentan que a una cuadrilla de leñadores se sumó un hombre muy fornido. Los primeros días talaba diez árboles mientras los demás talaban cinco; pero con el tiempo, talaba siete con mucho esfuerzo, luego solo uno, mientras los demás seguían talando cinco. Una noche descubrieron la causa: las hachas de todos estaban bien afiladas, pero la suya era un trozo de acero sin filo. Todo lo hacía a pura fuerza, y por eso cada vez rendía menos.

Eclesiastés 10:10

Si se embota el hierro, y su filo no fuere amolado, hay que añadir más fuerza; pero la sabiduría es provechosa para dirigir.

Cuando el hacha pierde el filo, hay que poner cada vez más fuerza para lograr cada vez menos. Lo mismo pasa en la vida espiritual: muchos comienzan derribando todo obstáculo, pero con el tiempo, por no afilar su hacha, ante la prueba más pequeña ya quieren rendirse, pensando que Dios perdió poder o se alejó. La verdad es otra: lo que se desafiló fue su comunión con Dios. De eso queremos hablar: de afilar cada día nuestra hacha para no perder la fuerza.

¿Sientes que cada vez te cuesta más y rindes menos? ¿Será que descuidaste afilar tu hacha?

El bosque que debemos derribar

En la vida enfrentamos un bosque entero de árboles que dan mal fruto: las obras de la carne, los hábitos que esclavizan, los rencores, las angustias, las ataduras que nos roban la paz. Esos árboles hay que derribarlos, y más aún, arrancarlos de raíz, para que no vuelvan a brotar. Pero para esa tarea no basta la fuerza humana.

Gálatas 5:19-21

Y manifiestas son las obras de la carne, que son: adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia, idolatría, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, envidias, borracheras, orgías, y cosas semejantes a estas.

Cuando un brote de estos árboles aparece y lo alimentamos —con lo que miramos, lo que escuchamos, las compañías, los recuerdos que ya habíamos soltado—, va creciendo hasta desplazar la paz de Dios en el corazón. Por eso no basta con cortar la rama; hay que arrancar la raíz. Y eso solo es posible con la ayuda de Dios. Identifica qué árboles de mal fruto hay en tu vida, y disponte a derribarlos no con tus fuerzas, sino con el poder que viene de Dios. El que arranca la raíz queda libre de verdad.

¿Qué árbol de mal fruto necesitas arrancar de raíz en tu vida, antes de que vuelva a crecer?

El hacha es el poder de Dios, no nuestra fuerza

Frente a ese bosque tenemos una herramienta poderosa, pero no es nuestra fuerza física ni nuestros muchos conocimientos. Nuestra lucha es espiritual, y se gana con armas espirituales. El hacha que derriba el mal es el poder de Dios obrando en nosotros, no nuestro esfuerzo humano.

Zacarías 4:6

No con ejército, ni con fuerza, sino con mi Espíritu, ha dicho el Señor de los ejércitos.

No con ejército ni con fuerza, sino con el Espíritu de Dios. Esta es una lección que muchos tardan en aprender: pretenden vencer el pecado y las pruebas a pura voluntad, a pura fuerza propia, y se agotan como el hachero del relato. Pero la victoria no depende del que quiere ni del que corre con sus fuerzas, sino de Dios. Deja de pelear solo con tu fuerza; apóyate en el poder del Espíritu que mora en ti. El hacha que de verdad derriba el mal es la fuerza de Dios, no la tuya. El que confía en el Espíritu logra lo que la sola fuerza humana nunca alcanzaría.

¿Intentas vencer el mal a pura fuerza propia, o con el poder del Espíritu de Dios?

Obedecer para que la raíz no rebrote

De nada sirve derribar un árbol si dejamos que la raíz rebrote. Dios nos da no solo el hacha, sino también la manera de que el mal no vuelva: la obediencia amorosa, la comunión con Él, el guardar su Palabra en el corazón. La libertad se conserva permaneciendo cerca de Dios.

Santiago 4:7-8

Someteos, pues, a Dios; resistid al diablo, y huirá de vosotros. Acercaos a Dios, y él se acercará a vosotros.

La clave para que el mal no rebrote es acercarnos a Dios y someternos a Él con amor. Cuando llenamos el espacio del corazón con su presencia, con su Palabra, con la oración, ya no queda lugar para que el viejo árbol vuelva a crecer. No basta con limpiar; hay que llenar de Dios lo que quedó limpio. El que se acerca a Dios encuentra que Él se acerca, y esa cercanía es la mejor protección contra el rebrote del mal. Acércate cada día a Dios, y mantendrás libre la tierra de tu corazón.

Cuando Dios limpia algo en ti, ¿llenas ese espacio con su presencia, o dejas que el mal rebrote?

Afilar el hacha cada día

La gran lección del relato es esta: hay que afilar el hacha cada día. El que descuida la comunión con Dios va perdiendo el filo sin darse cuenta, y termina haciendo a pura fuerza lo que antes hacía con facilidad. Afilar el hacha es mantener viva la relación con Dios: la oración, la Palabra, la obediencia, la adoración.

Isaías 40:31

Pero los que esperan al Señor tendrán nuevas fuerzas; levantarán alas como las águilas; correrán, y no se cansarán; caminarán, y no se fatigarán.

Los que esperan en el Señor renuevan sus fuerzas. Ahí está el secreto de no agotarse: no en redoblar el esfuerzo propio, sino en volver cada día a la fuente. El hachero fornido fracasó por confiar solo en su fuerza y no afilar su herramienta; el creyente fracasa cuando descuida su comunión con Dios y pretende vivir de lo que fue. Dedica cada día un tiempo a afilar tu hacha: a orar, a meditar la Palabra, a renovar tu entrega. El que afila su hacha mantiene la fuerza; el que la descuida, se desgasta. No te confíes en tus años ni en tu conocimiento; afila tu hacha hoy.

El Libro de Urantia — 196:3.31

La fuerza espiritual del creyente se renueva en la comunión diaria con Dios. La oración sincera y la adoración recargan el alma como el descanso recobra el cuerpo. El que se nutre cada día de la presencia del Padre no se agota en el camino, sino que halla fuerzas siempre nuevas.

La fuerza espiritual se renueva en la comunión diaria con Dios; la oración y la adoración recargan el alma como el descanso recobra el cuerpo. El que se nutre cada día de la presencia del Padre no se agota, sino que halla fuerzas siempre nuevas. Por eso, afilar el hacha no es una pérdida de tiempo, sino lo que mantiene viva nuestra eficacia. El tiempo que dedicas a Dios cada día es el que sostiene todo lo demás. No dejes de afilar tu hacha, y nunca te faltará el filo para lo que la vida te pida.

¿Dedicas cada día un tiempo a afilar tu hacha en comunión con Dios, o vives de lo que fuiste?

Conclusión: no dejes de afilar tu hacha

Tienes el hacha para derribar todo árbol de mal fruto en tu vida: el poder de Dios obrando en ti. Pero recuerda dos cosas. Primera: no es con tu fuerza física ni con tus muchos conocimientos, sino con el poder del Espíritu que mora en ti, como se vence el mal. Segunda: no seas como el hachero que nunca afiló su hacha; afílala cada día.

Arranca de raíz los árboles de mal fruto, y llena de Dios la tierra limpia para que no rebroten, acercándote a Él en obediencia y amor. Y, sobre todo, afila tu hacha cada día: en la oración, en la Palabra, en la adoración, en la comunión con el Señor. No confíes en tus años ni en lo que un día fuiste; la fuerza espiritual se renueva volviendo cada día a la fuente. El que afila su hacha no se agota, sino que halla fuerzas siempre nuevas para cumplir su tarea. Acércate hoy a Dios, afila tu hacha, y verás caer hasta los árboles más grandes.

No talarás el bosque a pura fuerza: afila tu hacha cada día en comunión con Dios, y nunca perderás el filo.

Contact

Hable Con Nosotros

Le invitamos a contactarnos para más información.
Participa y comparte, sé parte del Hogar del Hombre Nuevo.

Hablemos De Su Proyecto

Apoyamos tus proyectos, sobre espiritualidad, salud, alimentación, política, economía, educación, medio ambiente, negocios y comercio.

Hablemos De Tu Idea

Ayúdanos a escribir una nueva historia cultural para la humanidad. Aquí podrá aportar los más grandes pensamientos al Gobierno de Dios.

Capacítese Con Nosotros

Facilitamos contenidos y espacios creados para la enseñanza e instrucción personal; lugares en los que se recibe instrucción beneficiosa para el desarrollo y crecimiento Mental y Espiritual.

Teléfono

CALL USA: 1 (954) 839-4275
CALL SUECIA: 47 (760) 591 736
CALL COLOMBIA: 57 (321) 398-8567

Contact