Alegrémonos porque Jesús está por nacer

Preparar el corazón para que Jesús nazca en nosotros

 

Conferencia espiritual

 

Una alegría que va más allá de la fiesta

Llega la Navidad, el tiempo en que celebramos el nacimiento de Jesús. Es una alegría inmensa: Dios se hizo hombre por amor a nosotros. Pero podemos quedarnos solo en lo externo —la cena, las luces, los regalos— o ir al corazón de la fiesta: dejar que ese Jesús que celebramos nazca de verdad en nuestro interior. Alegrémonos porque Jesús está por nacer, no solo en un pesebre de hace siglos, sino en nuestro corazón hoy.

Mateo 1:20-21

Y pensando él en esto, he aquí un ángel del Señor le apareció en sueños y le dijo: José, hijo de David, no temas recibir a María tu mujer, porque lo que en ella es engendrado, del Espíritu Santo es. Y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados.

Así como Jesús nació por obra del Espíritu, también quiere nacer en el corazón que lo recibe por fe. Ha llegado el momento de preparar, más que una mesa abundante, un corazón dispuesto; de armar el pesebre no en un rincón de la casa, sino en lo profundo del alma. De eso queremos hablar: de preparar el corazón para que Jesús nazca en nosotros, porque ese es el verdadero gozo de la Navidad.

Esta Navidad, ¿preparas solo la mesa y la casa, o también tu corazón para que Jesús nazca en él?

Jesús es quien nos da la vida verdadera

Jesús no vino a darnos una vida apenas soportable, sino vida en abundancia. Cuando nace en nuestro corazón, nos hace hijos de Dios, nos transforma, y nos da la fuerza para enfrentar la vida ya no solos ni desarmados, sino sostenidos por su presencia.

Juan 10:10

El ladrón no viene sino para hurtar y matar y destruir; yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia.

Para quien no conoce de verdad al Señor, cada problema parece un gigante: la enfermedad, las dificultades familiares, la escasez. Pero cuando Jesús nace en el corazón, recibimos fortaleza, paciencia y esperanza para enfrentar esos gigantes desde la roca firme que es Cristo. La Navidad no es solo recordar un hecho del pasado; es abrir el corazón para que esa vida nazca hoy en nosotros. El que recibe a Jesús no camina indefenso por la vida; lleva dentro al que es la Vida misma.

¿Enfrentas la vida solo y desarmado, o desde la fortaleza de Jesús que vive en ti?

Confiar como David, no temblar ante los gigantes

Cuando David enfrentó al gigante, todo el pueblo de Dios estaba aterrorizado; los que temblaban eran el pueblo, no el enemigo. Es decir, se puede ser parte del pueblo de Dios y aun así vivir aterrado, cuando no se ha aprendido a confiar en Él y se pretende todo con las propias fuerzas.

1 Samuel 17:45

Entonces dijo David al filisteo: Tú vienes a mí con espada y lanza y jabalina; mas yo vengo a ti en el nombre del Señor de los ejércitos, el Dios de los escuadrones de Israel, a quien tú has provocado.

David no venció por ser más fuerte, sino porque iba en el nombre del Señor, habiendo aprendido a confiar en Dios en lo cotidiano. Por eso no tembló ante el gigante. Cuando Jesús nace y reina en nuestro corazón, aprendemos a confiar así: a enfrentar los gigantes no desde el miedo, sino desde la fe en Dios. La diferencia no está en el tamaño del problema, sino en dejar que Dios pelee por nosotros. El que tiene a Jesús en el corazón enfrenta sus gigantes confiando, y vence.

Ante tus gigantes, ¿tiemblas en tus fuerzas, o avanzas confiando en el nombre del Señor?

Vida donde parecía no haberla

La Navidad es noticia de vida. El profeta vio un valle de huesos secos, sin esperanza, y allí el Espíritu de Dios hizo entrar vida y los levantó. Es una imagen de tantos que, aun dentro de las iglesias, han perdido la esperanza y se sienten secos por dentro. A ellos, justamente, viene Jesús a traer vida nueva.

Ezequiel 37:5

Así ha dicho el Señor Dios a estos huesos: He aquí, yo hago entrar espíritu en vosotros, y viviréis.

Quizás te sientes seco, sin esperanza, derrotado, diciendo en tu corazón que ya no hay nada que hacer. Pero el mensaje de la Navidad es que Dios puede hacer entrar vida donde parecía no haberla. No importa cuán apagado esté tu corazón; si dejas que Jesús nazca en ti, el mismo Espíritu que levantó aquel valle puede levantarte. Dios no se da por vencido con sus hijos. Esta Navidad puede ser el nacimiento de una vida nueva en ti. Donde Dios pone su Espíritu, los huesos secos vuelven a vivir.

¿Sientes seco tu corazón? ¿Le permites a Jesús nacer en ti y traerte vida nueva?

Recibirlo por fe, con el corazón abierto

María concibió por obra del Espíritu, por un camino que la sola razón humana no podía explicar. Lo mismo ocurre cuando Jesús nace en el corazón: se recibe por fe, abriendo el corazón con humildad, no exigiendo entenderlo todo antes de creer. La fe no desprecia la razón, pero confía más allá de lo que la sola mente alcanza a calcular.

Romanos 8:6

Porque el ocuparse de la carne es muerte, pero el ocuparse del Espíritu es vida y paz.

José, siendo justo, comenzó a razonar humanamente y quiso apartarse, hasta que Dios le mostró su plan. También nosotros, cuando todo lo medimos solo con cálculos humanos, podemos cerrarnos a la obra de Dios. No se trata de despreciar la inteligencia, sino de no encerrar a Dios en los límites de lo que entendemos. Abre tu corazón con humildad y fe esta Navidad, y deja que Jesús nazca en ti. La vida y la paz no vienen de tenerlo todo explicado, sino de recibir con fe la presencia de Dios.

¿Le abres a Jesús el corazón por fe, o le cierras la puerta porque quieres entenderlo todo primero?

Que Jesús viva y reine dentro de ti

La meta de la Navidad no es solo conmemorar el nacimiento de Jesús, sino que Él nazca, viva y reine en nuestro corazón. No se trata de imitarlo desde afuera, sino de dejar que Él viva en nosotros y nos transforme desde dentro.

Gálatas 2:20

Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí.

Que viva Cristo en mí: esa es la verdadera Navidad del corazón. Cuando Jesús nace y reina en nosotros, nuestra vida cambia, no por nuestro mérito, sino por su presencia. Su amor llena el corazón, su paz lo serena, su fuerza lo sostiene. Deja que Cristo viva en ti, y lo verás reflejado en tu manera de pensar, de amar, de enfrentar la vida. La mayor celebración no está en la mesa, sino en un corazón donde Jesús ha nacido y reina.

El Libro de Urantia — 196:3.34

Cuando el espíritu de Dios nace en el corazón del hombre y comienza a vivir en él, lo transforma desde dentro, llenándolo de amor, de paz y de una vida nueva. Esa presencia divina interior es el mayor de los dones y la fuente de toda verdadera alegría.

Cuando el espíritu de Dios nace en el corazón y comienza a vivir en él, lo transforma desde dentro, llenándolo de amor, de paz y de vida nueva. Esa presencia divina interior es el mayor de los dones y la fuente de toda verdadera alegría. Por eso la alegría más honda de la Navidad no viene de lo externo, sino de tener a Jesús viviendo dentro. Esa es la fiesta que nadie te puede quitar: Cristo nacido y reinando en tu corazón.

¿Dejas que Cristo viva y reine en ti, transformándote desde dentro con su amor y su paz?

Conclusión: deja nacer a Jesús en tu corazón

El Señor está llamando a los que han perdido la esperanza, a los que se sienten secos aun estando en la congregación, para hacerlos volver a la vida. No importa cuán grande sea el gigante que enfrentas; Jesús quiere nacer en tu corazón y hacerte vencedor. La Navidad no es solo recordar un hecho del pasado, sino dejar que ese Jesús nazca hoy en ti.

Prepara, más que la mesa, tu corazón: abrígalo con la Palabra, calma su sed con la oración, llénalo de adoración. Recíbelo por fe, con humildad, sin exigir entenderlo todo. Aprende a confiar como David, deja que el Espíritu traiga vida donde había sequedad, y permite que Cristo viva y reine en ti. Porque la alegría más honda de la Navidad no está en lo que comemos o regalamos, sino en un corazón donde Jesús ha nacido. Alegrémonos, pues, porque Jesús está por nacer; y que esta vez nazca de verdad en ti.

Alegrémonos: Jesús está por nacer. Prepara tu corazón y deja que nazca, viva y reine en ti.

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