Apasionados por Jesús

Cambiar las viejas pasiones por una pasión nueva: amar y servir a Cristo

 

Conferencia espiritual

 

De las viejas pasiones a una pasión nueva

Antes de conocer a Cristo, muchas veces son las pasiones desordenadas las que nos gobiernan. Pero el Señor quiere que esas pasiones mueran en nosotros para dar lugar a una nueva: la pasión por Jesús y por su obra de amor. No se trata de quedar sin pasión, sino de cambiar lo que nos consumía por algo que da vida: el amor ardiente por el Señor y por las almas.

Gálatas 5:24-25

Pero los que son de Cristo han crucificado la carne con sus pasiones y deseos. Si vivimos por el Espíritu, andemos también por el Espíritu.

El que es de Cristo deja morir las viejas pasiones para andar por el Espíritu. Pero ese andar no es apagado ni frío; es una vida encendida por una pasión nueva y ordenada. Dios no quiere creyentes tibios, sino apasionados por Él. De eso queremos hablar hoy: de dejar que muera lo que nos esclavizaba para vivir apasionados por Jesús y por su obra de llevar su amor a todos.

¿Vives apasionado por Jesús, o tu fe se ha vuelto tibia y rutinaria?

Levántate y resplandece

Dios llama a sus hijos a resplandecer, a brillar con su luz en medio de un mundo cubierto de tinieblas. Esa luz brilla con fuerza cuando hay verdadera pasión por Jesús; un corazón apasionado por el Señor no puede esconderse, alumbra a los que lo rodean.

Isaías 60:1-2

Levántate, resplandece; porque ha venido tu luz, y la gloria del Señor ha nacido sobre ti. Porque he aquí que tinieblas cubrirán la tierra, y oscuridad las naciones; mas sobre ti amanecerá el Señor, y sobre ti será vista su gloria.

Mientras las tinieblas cubren la tierra, sobre el hijo de Dios amanece su gloria. Pero ese resplandor se manifiesta cuando vivimos con pasión nuestra fe, cuando el amor por Cristo arde de verdad en el corazón. Un creyente apagado, tibio, sin pasión, apenas alumbra; uno encendido por el amor de Jesús ilumina todo a su alrededor. Levántate y resplandece: deja que la pasión por el Señor encienda tu vida. El que vive apasionado por Cristo se vuelve luz que disipa tinieblas.

¿Tu vida resplandece con la pasión por Cristo, o apenas alumbra por la tibieza?

La pasión de Jesús por las almas

La mayor pasión de Jesús fue la salvación de las almas; por amor a ellas se entregó hasta el extremo. Si de verdad somos suyos, esa misma pasión debe arder en nosotros: el deseo ardiente de que otros conozcan el amor de Dios. La iglesia existe para llevar la vida de Dios a un mundo que vaga buscando algo a qué aferrarse.

Mateo 9:36-38

Y al ver las multitudes, tuvo compasión de ellas; porque estaban desamparadas y dispersas como ovejas que no tienen pastor. Entonces dijo a sus discípulos: A la verdad la mies es mucha, mas los obreros pocos. Rogad, pues, al Señor de la mies, que envíe obreros a su mies.

Jesús miró a las multitudes y tuvo compasión, porque estaban como ovejas sin pastor. Esa compasión apasionada es la que debe movernos. Hay mucha mies y pocos obreros; el mundo está lleno de personas que necesitan el amor de Dios, y nosotros somos los obreros que Él quiere enviar. La mejor obra que podemos dejar en esta tierra no es un gran proyecto ni un nombre famoso, sino las personas que conocieron el amor de Dios a través de nuestra pasión. Pide a Dios que encienda en ti la compasión apasionada de Jesús por las almas.

¿Sientes la compasión apasionada de Jesús por los que aún no conocen el amor de Dios?

La tibieza que apaga la pasión

Hay un peligro sutil: quedarse en el tiempo, confiando en las viejas experiencias y bendiciones, hasta enfriar la pasión. Como aquella iglesia que seguía teniendo nombre de viva pero había perdido el fervor. La tibieza apaga poco a poco el fuego, y el creyente termina más preocupado por las formas y las posiciones que por las almas.

Apocalipsis 3:15-16

Yo conozco tus obras, que ni eres frío ni caliente. ¡Ojalá fueses frío o caliente! Pero por cuanto eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca.

Dios no quiere creyentes tibios. La tibieza nos vuelve religiosos y legalistas, más atentos a que todo se haga como antes que a la misión de amar y ganar almas. Cuando se apaga la pasión, el mensaje se vuelve desabrido, como sal que perdió su sabor. Examina tu corazón: ¿se ha enfriado tu primer amor? No te conformes con la tibieza ni con vivir de bendiciones pasadas. Pide a Dios que reavive el fuego, que renueve tu pasión. El que deja apagar su pasión se vuelve estéril; el que la mantiene encendida da fruto abundante.

¿Se ha enfriado tu pasión, volviéndote tibio y más atento a las formas que a las almas?

Dispuestos a esforzarnos y a servir

La pasión verdadera se nota en la disposición a esforzarse, a sacrificarse, a servir aun cuando cuesta. El que ama de verdad no busca lo fácil ni lo cómodo, sino que se entrega a la obra como un buen soldado, un buen atleta, un buen labrador. La falta de pasión, en cambio, nos hace amar la comodidad y rehuir el esfuerzo.

2 Timoteo 2:3-6

Tú, pues, sufre penalidades como buen soldado de Jesucristo. Ninguno que milita se enreda en los negocios de la vida, a fin de agradar a aquel que lo tomó por soldado. Y también el que lucha como atleta, no es coronado si no lucha legítimamente. El labrador, para participar de los frutos, debe trabajar primero.

El soldado soporta penalidades, el atleta se esfuerza, el labrador trabaja antes de cosechar. Así es el creyente apasionado: no rehúye el esfuerzo ni el sacrificio, porque ama. La falta de pasión nos lleva a buscar solo lo cómodo, a poner las posiciones y la comodidad por encima de la obra. Pero el que ama de verdad se entrega con gozo, aun cuando cuesta. No busques solo lo fácil; deja que la pasión por Cristo te dé fuerzas para esforzarte y servir. El que sirve con pasión halla gozo aun en el sacrificio.

¿Te entregas con esfuerzo a la obra de Dios, o buscas solo lo cómodo y fácil?

Instrumentos de vida para el mundo

Dios quiere usar a los creyentes apasionados como instrumentos para llevar vida al mundo. Así como el Padre envió a Jesús, Jesús nos envía a nosotros. No tenemos quizás los dones extraordinarios de los apóstoles, pero podemos tener la misma pasión por las almas, y esa pasión es la que cambia familias, vecindarios y naciones.

Juan 20:21

Entonces Jesús les dijo otra vez: Paz a vosotros. Como me envió el Padre, así también yo os envío.

Como el Padre envió a Jesús, Jesús nos envía. Somos los instrumentos que Dios quiere usar para llevar su vida y su amor al mundo. No pierdas la oportunidad de ser usado para cambiar a tu familia, tu vecindario, tu ciudad. Deja que Dios amplíe tu visión y encienda tu pasión, porque esa pasión por las almas es lo que marca la diferencia entre el que solo oye y el que hace, entre el creyente y el verdadero discípulo. Ponte en las manos de Dios con pasión, y Él te usará para llevar vida a muchos.

El Libro de Urantia — 159:3.9

El amor verdadero por las almas es la fuerza que mueve al discípulo a servir sin descanso. No es el deber frío, sino la pasión del corazón encendido por Dios, lo que gana a los hombres para el reino. El que ama de verdad se entrega con gozo a llevar a otros la buena nueva del amor del Padre.

No es el deber frío, sino la pasión del corazón encendido por Dios, lo que gana a las personas para el reino. El amor verdadero por las almas mueve al discípulo a servir sin descanso, no por obligación, sino con gozo. Por eso, ser apasionados por Jesús es la fuerza que nos lleva a llevar a otros la buena nueva del amor del Padre. El que ama de verdad no necesita ser empujado a servir; el amor mismo lo impulsa.

¿Sirves por deber frío, o con la pasión de un corazón encendido por el amor de Dios?

Conclusión: recupera la pasión por Jesús

Dios quiere cambiar nuestras viejas pasiones por una nueva: la pasión por Jesús y por su obra de amor. Esa pasión nos hace resplandecer en medio de las tinieblas, nos contagia la compasión de Jesús por las almas, nos guarda de la tibieza, y nos dispone a esforzarnos y servir. No es el deber frío, sino el corazón encendido por Dios, lo que da vida a nuestra fe y gana a otros para el reino.

Ha llegado el tiempo de recuperar la pasión: deja morir lo que te esclavizaba, levántate y resplandece, deja que arda en ti la compasión por los que no conocen a Dios. No te conformes con una fe tibia ni con vivir de bendiciones pasadas; pide a Dios que reavive tu fuego. Entrégate con esfuerzo y gozo a su obra, y déjate usar como instrumento para llevar vida al mundo. Porque el que vive apasionado por Jesús alumbra, da fruto y se vuelve bendición para muchos. Recupera hoy tu pasión por el Señor, y deja que su amor te encienda de nuevo.

Deja morir las viejas pasiones y enciéndete con una nueva: amar a Jesús y llevar su amor a las almas.

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