Dios no quiere ver rostros sino corazones

Dios mira el interior, no las apariencias

 

Conferencia espiritual

 

El mundo mira la apariencia; Dios mira el corazón

El mundo evalúa a las personas por lo que tienen y por cómo se muestran: cuenta más la apariencia que la verdad. Pero Dios no se deja llevar por las apariencias; a Él le interesa el corazón. Por eso, mientras el mundo se contenta con un rostro agradable, Dios busca un corazón sincero. Hoy queremos entender esta verdad que cambia la manera de vivir: Dios no quiere ver rostros, sino corazones.

1 Samuel 16:7

Y el Señor respondió a Samuel: No mires a su parecer, ni a lo grande de su estatura, porque yo lo desecho; porque el Señor no mira lo que mira el hombre; pues el hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero el Señor mira el corazón.

El hombre mira lo que está delante de los ojos, pero Dios mira el corazón. Esta es una de las verdades más liberadoras del evangelio: ante Dios no valemos por la apariencia, por lo que tenemos o por lo que aparentamos, sino por lo que somos por dentro. Jesús nos enseñó a no juzgar según las apariencias, sino con justo juicio, conociendo a las personas por sus frutos. De eso queremos hablar: de vivir de verdad, no de apariencias.

¿Cuidas más tu apariencia ante los demás, o tu corazón delante de Dios?

La trampa de vivir para aparentar

Vivir para las apariencias es una trampa antigua. Herodes, por cuidar su imagen ante los invitados, cometió una gran injusticia: mandó callar a quien le decía la verdad con tal de no quedar mal delante de los demás. Cuántas veces hacemos lo malo o callamos lo bueno solo por cuidar la imagen, por el qué dirán.

Mateo 14:9-10

Entonces el rey se entristeció; pero a causa del juramento, y de los que estaban con él a la mesa, mandó que se la diesen, y ordenó decapitar a Juan en la cárcel.

Herodes prefirió cuidar su apariencia antes que hacer lo correcto. Esa es la esclavitud del que vive para aparentar: termina haciendo lo que no debe con tal de no quedar mal. El mundo se contenta con cambiar el rostro, la ropa, la casa o el auto, mientras el interior sigue igual. Pero Dios quiere lo contrario: que cambie el corazón, aunque por fuera no haya tanto que mostrar. No vivas esclavo del qué dirán. Es mejor agradar a Dios con un corazón sincero que agradar al mundo con una apariencia vacía.

¿Has hecho algo malo, o callado lo bueno, solo por cuidar tu imagen ante los demás?

Por sus frutos los conoceréis

Jesús nos dio una manera de discernir lo verdadero de lo aparente: por los frutos. No por las palabras bonitas ni por la buena apariencia, sino por lo que la vida produce. Un buen árbol da buen fruto; el fruto revela lo que hay en la raíz, aunque la apariencia engañe.

Mateo 7:16-17

Por sus frutos los conoceréis. ¿Acaso se recogen uvas de los espinos, o higos de los abrojos? Así, todo buen árbol da buenos frutos, pero el árbol malo da frutos malos.

El fruto no se puede fingir por mucho tiempo. Alguien puede aparentar ser un buen cristiano ante el pastor o los hermanos, pero su vida diaria revela lo que de verdad hay en su corazón. Por eso no debemos juzgar a nadie por la apariencia, ni dejarnos engañar por ella, sino mirar el fruto: el amor, la humildad, la honestidad, el servicio. Y, sobre todo, debemos examinar nuestro propio fruto. No te conformes con parecer; ocúpate de ser. El fruto verdadero nace de un corazón entregado a Dios.

Si te conocieran por tus frutos y no por tu apariencia, ¿qué revelarían de tu corazón?

No meter las normas del mundo en la casa de Dios

A veces nos quejamos de que se destruyen los hogares o de que los jóvenes se pierden, sin notar que muchas veces hemos metido las normas del mundo en nuestra propia vida y casa, dejando de lado las enseñanzas de Jesús. Estamos en el mundo, pero no somos del mundo; y la luz de Cristo no puede convivir con las tinieblas de vivir por apariencias.

Colosenses 2:8

Mirad que nadie os engañe por medio de filosofías y huecas sutilezas, según las tradiciones de los hombres, conforme a los rudimentos del mundo, y no según Cristo.

El evangelio no es la reunión del domingo ni la cantidad de estudios; es un estilo de vida según Cristo, no según el mundo. Cuando dejamos que las normas del mundo —el valer por lo que se tiene, el vivir para aparentar— entren en nuestro hogar y nuestra fe, perdemos el poder del testimonio. Mira tu vida no solo por fuera, sino por dentro. Que la luz de Cristo, y no las costumbres del mundo, rija tu corazón, tu casa y tu manera de vivir. El que vive según Cristo no necesita aparentar.

¿Qué normas del mundo —vivir por apariencias, valer por lo que tienes— se han colado en tu vida?

Honrar a Dios con el corazón, no solo con los labios

Hay quienes se acercan a Dios con muchas palabras y formas externas, pero con el corazón lejos. Jesús, citando al profeta, denunció esa religiosidad de apariencia: labios que honran a Dios mientras el corazón está distante. Dios no se contenta con ritos externos; quiere el corazón.

Mateo 15:8

Este pueblo de labios me honra; mas su corazón está lejos de mí.

Se puede cumplir con muchas formas religiosas y, sin embargo, tener el corazón lejos de Dios. Eso es lavar el rostro sin lavar el corazón. Dios no busca una limpieza exterior que esconda la podredumbre interior, sino un corazón sincero. No se trata de hacer sacrificios para que otros nos vean, sino de entregar el corazón para que en él habite la Palabra de Dios. Cuida tu corazón sobre toda cosa, porque de él brota la vida. Lo que vale ante Dios no es la apariencia religiosa, sino la sinceridad del corazón.

El Libro de Urantia — 100:7.2

Jesús barrió todas las ceremonias de sacrificio y expiación. No buscaba la adoración externa de los labios, sino la consagración sincera del corazón. La verdadera religión es asunto de la experiencia interior del alma con Dios, no de las formas y ceremonias externas.

La verdadera religión no es asunto de formas y ceremonias externas, sino de la experiencia interior del alma con Dios. Jesús no buscaba la adoración de los labios, sino la consagración sincera del corazón. Por eso, lo que Dios desea de ti no es una apariencia religiosa impecable, sino un corazón entregado a Él con sinceridad. La forma sin corazón es cáscara vacía; el corazón sincero es lo que Dios recibe con agrado.

¿Honras a Dios con un corazón sincero, o solo con labios y formas mientras tu corazón está lejos?

Dios quiere hacer un nuevo pacto con tu corazón

Dios no se conforma con tu apariencia de cristiano; quiere tu corazón. Por eso ofrece un nuevo pacto, no escrito en piedra ni basado en formas externas, sino escrito en el corazón. Un pacto de amor, santidad, fidelidad y servicio, en el que Dios mismo pone sus leyes en lo profundo de nuestro ser.

Hebreos 8:10

Por lo cual, este es el pacto que haré con la casa de Israel después de aquellos días, dice el Señor: Pondré mis leyes en la mente de ellos, y sobre su corazón las escribiré; y seré a ellos por Dios, y ellos me serán a mí por pueblo.

Dios quiere escribir su ley no en tu rostro, sino en tu corazón. Lo viejo —la religión de apariencias, el cristianismo de fachada— está llamado a desaparecer, porque lo que Dios desea es una vida nueva que nace de dentro y se renueva día tras día. Sin importar lo que hayas hecho o prometido antes, Él te ofrece hoy ese nuevo pacto: entrégale tu corazón de verdad, sin normas ni apariencias del mundo, y deja que Él lo renueve. Esa vida nueva la tendrás cuando dejes de aparentar ser cristiano y lo seas verdaderamente.

¿Le has entregado a Dios tu corazón de verdad, para que escriba en él su nueva vida?

Conclusión: entrégale tu corazón

El mundo se contenta con las apariencias, pero Dios mira el corazón. Vivir para aparentar es una trampa que esclaviza; lo que vale ante Dios no es el rostro que mostramos, sino el corazón que tenemos. Por sus frutos se conoce lo verdadero, y la verdadera religión no son las formas externas, sino la experiencia sincera del alma con Dios.

No metas las normas del mundo en tu vida ni en tu casa; no honres a Dios solo con los labios mientras tu corazón está lejos. Deja de aparentar ser cristiano y selo de verdad. Dios te ofrece hoy un nuevo pacto: quiere escribir su amor en tu corazón y darte una vida nueva que se renueva día tras día. Entrégale, pues, lo más preciado que tienes —tu corazón—, porque de él brota la vida. Cuida tu corazón sobre toda cosa, vívelo con sinceridad delante de Dios, y serás de los que no solo parecen, sino que son. Recuerda siempre: Dios no quiere ver rostros, sino corazones.

Dios no mira tu apariencia, sino tu corazón: deja de aparentar, y entrégaselo a Él con sinceridad.

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