El año nuevo es como el vino nuevo
Una vida nueva no cabe en estructuras viejas
Conferencia espiritual
Vino nuevo en odres nuevos
El comienzo de un nuevo tiempo es como el vino nuevo: no se le puede poner en un recipiente viejo y reseco, que no se adapte a la fuerza de lo que viene. Una etapa nueva pide también una vida renovada, capaz de recibir lo que Dios quiere hacer. De eso habló Jesús con una imagen sencilla y profunda.
Mateo 9:16-17
Nadie pone remiendo de paño nuevo en vestido viejo; porque tal remiendo tira del vestido, y se hace peor la rotura. Ni echan vino nuevo en odres viejos; de otra manera se rompen los odres, y el vino se derrama; mas echan el vino nuevo en odres nuevos, y lo uno y lo otro se conservan.
El vino nuevo fermenta, crece, ejerce presión; por eso necesita odres nuevos, flexibles, que se adapten. Si se pone en odres viejos y resecos, estos se rompen y todo se pierde. Así es la vida espiritual: lo nuevo que Dios quiere hacer no cabe en las viejas estructuras de nuestra vida pasada. No se trata de poner un remiendo aquí y allá, sino de dejar que Dios nos renueve por entero, para poder recibir lo nuevo sin rompernos.
¿Estás tratando de meter la vida nueva de Dios en las viejas estructuras de tu vida pasada?
El proceso que nos prepara
Antes de que el vino esté listo, hay un proceso; antes de que el barro sea una bella vasija, el alfarero debe trabajarlo. Y ese proceso incluye golpes, presión, paciencia. También nuestra vida pasa por procesos que nos preparan, aunque a veces duelan.
Jeremías 18:6
Como el barro en la mano del alfarero, así sois vosotros en mi mano, casa de Israel.
El alfarero amasa el barro, le quita las impurezas y las burbujas de aire que después harían que la vasija se rompa. Así obra Dios con nosotros: a través de las pruebas, va quitando lo que nos haría daño y nos va dando forma. No despreciemos esos procesos; bien vividos, nos hacen más fuertes y más útiles. Las lágrimas derramadas en oración ante la dificultad, la paciencia aprendida en la espera, todo eso es parte del trabajo amoroso del alfarero. Lo que al principio parece solo golpe, al final resulta una obra hermosa en sus manos. Déjate moldear, confiando en que el alfarero te ama.
El Libro de Urantia — Documento 100:4.2
Las dificultades de la vida, afrontadas con fe, son el medio por el cual el alma madura. Como el alfarero da forma al barro, Dios usa las pruebas para moldear el carácter; lo que parece solo dolor se convierte, en sus manos, en belleza y fortaleza.
No retroceder en medio del proceso
El peligro, en medio del proceso, es que los que no están firmes piensen en romper con Dios en vez de afirmarse en Él. Cuando llegan las pruebas, algunos, en lugar de aferrarse a la roca, se sueltan; y al soltarse, se secan.
Salmo 71:3
Sé para mí una roca de refugio, adonde recurra yo continuamente; tú has dado mandamiento para salvarme, porque tú eres mi roca y mi fortaleza.
En las pruebas, la decisión es clave: o nos afirmamos en la roca que es Cristo, o nos soltamos y retrocedemos. Es triste cuando alguien, por no soportar el proceso, deja el camino, se enfría, se seca espiritualmente, y a veces hasta arrastra a otros consigo. Pero no tiene por qué ser así. En medio de la dificultad, corre hacia Dios, no te alejes de Él; aférrate a la roca, recurre continuamente a Él. El proceso no es para destruirte, sino para prepararte; no lo abandones a mitad de camino. El que persevera en el proceso sale renovado; el que se suelta, se pierde lo que Dios quería darle.
En medio de las pruebas, ¿te afirmas en la roca o te sueltas y retrocedes?
Volver cuando nos hemos secado
Quizá alguien dejó el camino en una etapa difícil, se enfrió, perdió la comunión, sintió que su vida espiritual se secó. Para todos ellos hay una palabra de esperanza: Dios puede dar vida de nuevo a lo que parecía muerto y seco.
Ezequiel 37:4-5
Me dijo: Profetiza sobre estos huesos, y diles: Huesos secos, oíd palabra del Señor. Así ha dicho el Señor a estos huesos: He aquí, yo hago entrar espíritu en vosotros, y viviréis.
Dios hace entrar su Espíritu aun en los huesos secos, y viven. Si sientes que tu vida espiritual se ha secado, que perdiste la comunión, que te alejaste, este es el tiempo de volver. No te quedes en el secadal; vuelve a Dios, vuelve a la comunión con los hermanos, y deja que su Espíritu te dé vida nueva. Nunca es tarde para regresar; el Padre siempre espera. Lo que parecía muerto, en sus manos vuelve a florecer. No pongas un remiendo a la vieja vida seca; deja que Dios te haga nuevo por completo, y volverás a tener vida para cumplir aquello para lo que fuiste llamado.
Juan 15:5
Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer.
Dejar atrás lo viejo de verdad
Para recibir lo nuevo, hay que soltar de verdad lo viejo. No se puede vivir con un pie en la vida nueva y otro en la vieja, poniendo parches. Llega el momento de tomar decisiones, de dejar lo que nos ataba al pasado y abrazar la vida que Dios nos da.
Efesios 4:22-24
En cuanto a la pasada manera de vivir, despojaos del viejo hombre, y renovaos en el espíritu de vuestra mente, y vestíos del nuevo hombre, creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad.
Despojarse del viejo hombre y vestirse del nuevo: eso es recibir el vino nuevo en odres nuevos. No podemos seguir dándole más valor a lo que el mundo inculca que al amor de Jesús; no podemos mantener lo que nos daña pensando que con eso basta. Eso sería poner parches de vida nueva sobre la vieja, y al final todo se rompe. Lo que Dios quiere es hacernos nuevos por completo, no remendarnos. Toma la decisión de dejar de verdad lo viejo, y deja que Él haga nuevas todas las cosas en tu vida.
Apocalipsis 21:5
Y el que estaba sentado en el trono dijo: He aquí, yo hago nuevas todas las cosas.
¿Qué cosa vieja necesitas soltar de verdad para recibir la vida nueva que Dios te ofrece?
Una vida nueva guiada por el Espíritu
La vida nueva no la construimos con nuestras propias ideas, sino dejándonos guiar por el Espíritu de Dios. Él es quien marca el camino hacia lo que tiene preparado para nosotros, si nos disponemos a seguirle.
Romanos 8:14
Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios.
Dejarse guiar por el Espíritu es la marca del hijo de Dios. No se trata de programar nosotros mismos nuestro futuro a la fuerza, sino de caminar atentos a la voz de Dios, confiando en que Él nos lleva a lo mejor. Cada nueva etapa es una invitación a soltar el control y dejar que el Espíritu nos guíe hacia el crecimiento, hacia una vida más plena de amor. El que se deja guiar así no necesita aferrarse a las viejas estructuras; avanza con libertad, confiando en que Aquel que comenzó la buena obra la llevará a buen término.
Una esperanza nueva para el camino
Recibir el vino nuevo no es solo soltar lo viejo; es también abrirse con esperanza a lo que Dios quiere hacer. El nuevo tiempo no se enfrenta con miedo ni con la nostalgia de lo que fue, sino con la confianza de quien sabe que lo mejor está por venir de la mano de Dios.
Jeremías 29:11
Porque yo sé los pensamientos que tengo acerca de vosotros, dice el Señor, pensamientos de paz, y no de mal, para daros el fin que esperáis.
Los pensamientos de Dios para ti son de paz y de bien. Por eso, no entres a la nueva etapa cargando los temores ni las heridas de la anterior; entra confiando en que Dios tiene buenos planes para ti. El que mira hacia atrás con nostalgia no avanza; el que confía en el amor de Dios camina con esperanza. No sabemos qué traerá el nuevo tiempo, pero sabemos quién va con nosotros, y eso basta. Recibe lo nuevo como vino nuevo, con un corazón flexible y esperanzado, dispuesto a dejar que Dios obre cosas que aún no imaginas.
¿Entras al nuevo tiempo con miedo y nostalgia, o con esperanza en los buenos planes de Dios?
Lo mejor está por venir
Para el que camina con Dios, no es verdad que todo tiempo pasado fue mejor. Al contrario: con Dios, siempre lo mejor está por venir. Él no deja a medias lo que empieza, sino que va llevando nuestra vida de gloria en gloria, perfeccionando su obra en nosotros.
Filipenses 1:6
Estando persuadido de esto, que el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo.
El que comenzó la buena obra en ti la perfeccionará: esa es la confianza con que recibimos cada nueva etapa. Dios no ha terminado contigo; tiene más amor que darte, más crecimiento que regalarte, más vida que derramar. El vino nuevo habla de fermentación, de crecimiento, de algo que sigue madurando. Así es tu vida en Dios: no estancada, sino en camino hacia algo mejor. Por eso, suelta lo viejo con confianza y abraza lo nuevo con esperanza, sabiendo que Aquel que te ama está preparando, para esta nueva etapa, lo mejor que tu corazón pueda recibir.
El Libro de Urantia — Documento 100:1.1
La vida espiritual es crecimiento constante. Dios conduce al alma de etapa en etapa, siempre hacia adelante, perfeccionando su obra. Para el que confía en el Padre, cada nuevo tiempo es una oportunidad de crecer más en el amor; lo mejor está siempre por venir.
¿Crees de verdad que, con Dios, lo mejor de tu vida está todavía por venir?
Conclusión: déjate hacer nuevo
El nuevo tiempo es como el vino nuevo: necesita odres nuevos. La vida que Dios quiere darnos no cabe en las viejas estructuras de nuestra vida pasada; por eso, en vez de poner remiendos, dejémonos hacer nuevos por completo. Aceptemos el proceso que nos prepara, sin retroceder en las pruebas, afirmados en la roca que es Cristo.
Y si te has secado o alejado, vuelve: Dios hace entrar su Espíritu aun en los huesos secos. Suelta de verdad lo viejo, vístete del hombre nuevo, déjate guiar por el Espíritu, y entra con esperanza en la nueva etapa que Dios te abre. No mires el nuevo tiempo con miedo ni con la nostalgia de lo viejo; recíbelo como vino nuevo, confiando en que Aquel que hace nuevas todas las cosas tiene lo mejor preparado para ti.
No remiendes la vieja vida: déjate hacer nuevo, y recibe el vino nuevo que Dios tiene para ti.