El camino a Dios
Jesús: camino, verdad y vida que nos lleva al Padre
Conferencia espiritual
La pregunta más importante
Hay una pregunta que todo corazón humano se hace, tarde o temprano: ¿cómo llego a Dios? ¿Cómo encuentro al Padre, cómo me reconcilio con Él, cómo lleno este anhelo del alma que ninguna cosa del mundo logra saciar? Es la pregunta más importante de la vida, y la buena noticia es que tiene una respuesta clara, sencilla y hermosa.
Juan 14:6
Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí.
Jesús no dijo que mostraría un camino, ni que enseñaría una doctrina sobre el camino; dijo: yo soy el camino. El camino a Dios no es un sistema de reglas ni una religión complicada; es una persona, es Jesús. En Él vemos cómo es el Padre, en Él aprendemos a vivir, por Él llegamos a Dios. Por eso, quien quiera encontrar a Dios no tiene que perderse en caminos confusos; basta seguir a Jesús, porque Él mismo es el camino que lleva al Padre.
¿Buscas a Dios por caminos complicados, o has descubierto que el camino es seguir a Jesús?
En Jesús vemos al Padre
Uno de los discípulos le pidió a Jesús algo que todos anhelamos: muéstranos al Padre. Y la respuesta de Jesús es de las más grandes que existen, porque nos revela que en Él podemos ver cómo es Dios.
Juan 14:9
Jesús le dijo: ¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros, y no me has conocido, Felipe? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre; ¿cómo, pues, dices tú: Muéstranos el Padre?
El que ha visto a Jesús ha visto al Padre. Esto lo cambia todo, porque a veces nos imaginamos a Dios como un juez severo, lejano, temible. Pero Jesús nos muestra cómo es Dios de verdad: lo vemos sanando a los enfermos, perdonando a los pecadores, abrazando a los despreciados, llorando con los que sufren, dando su vida por amor. Así es el Padre. Si quieres saber cómo es Dios, mira a Jesús. El camino a Dios empieza por descubrir, en el rostro de Jesús, a un Padre que nos ama con ternura infinita.
El Libro de Urantia — Documento 196:0.1
Jesús reveló al hombre cómo es Dios. En su vida vemos el amor del Padre hecho cercano; quien contempla a Jesús conoce el corazón de Dios, porque el Hijo es la revelación viva del amor eterno del Padre.
Un camino abierto para todos
El camino a Dios no es un sendero estrecho reservado a unos pocos privilegiados, a los más sabios o a los más perfectos. Es un camino abierto para todos los que quieran venir, sin importar su pasado, su condición ni su origen.
Mateo 11:28
Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar.
Venid a mí todos: nadie queda excluido. Jesús abrió de par en par el camino al Padre, y especialmente invita a los que están cansados y cargados, a los que sufren, a los que el mundo desprecia. No hay que ser digno para acercarse; basta querer venir. El camino a Dios no se gana con méritos, se recibe con fe y humildad. Por eso, si alguna vez has pensado que tú no puedes llegar a Dios, que tu vida está demasiado rota, escucha esta invitación: ven a mí todos. El camino está abierto, y también es para ti.
¿Has pensado que el camino a Dios no es para ti? ¿Qué te dice la invitación de Jesús a venir a Él?
Un camino que se recorre amando
Jesús no solo es el camino; también nos mostró cómo se camina por él. Y el camino a Dios se recorre amando. Toda su enseñanza se resume en el amor: amar a Dios y amar al prójimo. No hay otra manera de caminar hacia el Padre que viviendo en el amor.
Juan 14:15
Si me amáis, guardad mis mandamientos.
Juan 13:34
Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros; como yo os he amado, que también os améis unos a otros.
Guardar los mandamientos de Jesús no es cumplir una lista de reglas por miedo, sino vivir su mandamiento nuevo: amarnos como Él nos amó. El que ama va por el camino a Dios, aunque sepa poco; el que no ama, por más que sepa, todavía no ha encontrado el camino. Porque Dios es amor, y solo se llega a Él por el camino del amor. Cada gesto de amor, de perdón, de servicio, es un paso hacia el Padre. Caminar hacia Dios es, sencillamente, aprender a amar cada día más.
El Libro de Urantia — Documento 140:8.20
El camino del reino es el camino del amor. El que ama vive en Dios y Dios en él; los frutos del espíritu —el servicio amoroso, la misericordia, la bondad, el perdón— son las huellas del que de verdad camina hacia el Padre.
El Consolador que nos guía en el camino
Jesús no nos dejó solos para recorrer este camino. Prometió enviar al Espíritu Santo, el Consolador, que nos acompaña, nos enseña y nos guía hacia toda la verdad. No caminamos a tientas, sino guiados por la presencia de Dios en nosotros.
Juan 14:16-17
Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre: el Espíritu de verdad, al cual el mundo no puede recibir, porque no le ve, ni le conoce; pero vosotros le conocéis, porque mora con vosotros, y estará en vosotros.
El Espíritu de verdad mora en nosotros y nos guía. Esto es un consuelo inmenso: no dependemos solo de nuestras fuerzas ni de nuestro entendimiento para encontrar a Dios; Él mismo nos acompaña en el camino, nos enseña, nos corrige con amor, nos da fuerza cuando flaqueamos. El Consolador no es una doctrina ni una fórmula; es la presencia viva de Dios que camina con nosotros. Por eso, aunque el camino tenga tramos difíciles, nunca lo recorremos solos. Déjate guiar por el Espíritu, y te llevará seguro al Padre.
El Libro de Urantia — Documento 34:6.8
El espíritu de la verdad guía al alma gradualmente hacia toda la verdad. No impone, sino que conduce con suavidad, acompañando al creyente en su camino hacia Dios y haciéndolo cada día más semejante a Jesús.
¿Caminas hacia Dios confiando en tus solas fuerzas, o dejándote guiar por su Espíritu?
Un camino que pide dar el primer paso
El camino está abierto, Jesús es el camino, el Espíritu nos guía; pero hace falta que nosotros demos el paso de ponernos en marcha. Dios respeta nuestra libertad: nos invita, pero no nos obliga. El camino a Dios empieza cuando decidimos, libremente, volver a Él.
Lucas 15:18,20
Me levantaré e iré a mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti. Y levantándose, vino a su padre. Y cuando aún estaba lejos, lo vio su padre, y fue movido a misericordia, y corrió, y se echó sobre su cuello, y le besó.
Mira al hijo que vuelve: bastó que se levantara y diera el primer paso hacia su padre, y el padre corrió a su encuentro. Así es Dios contigo. No esperes a sentirte perfecto ni a tenerlo todo resuelto; basta que te levantes y des el paso de volver. Y verás que, en cuanto te pongas en camino, el Padre ya viene corriendo a tu encuentro. El camino a Dios no es una larga escalera que hay que subir con esfuerzo para merecer su amor; es un Padre que sale a recibirte en cuanto vuelves. Da hoy ese primer paso; Él hará el resto.
¿Estás esperando ser digno para volver a Dios, o te atreves a dar hoy el primer paso?
Cuidado con los falsos caminos
Porque el camino a Dios es tan importante, también abundan los que ofrecen caminos falsos: hombres que se ponen a sí mismos en el lugar de Cristo, que prometen atajos, que cambian el evangelio del amor por sus propios inventos para beneficio propio. Conviene estar atentos para no perdernos siguiéndolos.
Mateo 24:4-5
Respondiendo Jesús, les dijo: Mirad que nadie os engañe. Porque vendrán muchos en mi nombre, diciendo: Yo soy el Cristo; y a muchos engañarán.
Jesús nos advirtió: vendrán muchos diciendo cosas grandes de sí mismos, y engañarán a muchos. Por eso el camino verdadero se reconoce siempre por lo mismo: lleva a Jesús, no a un hombre; produce amor, humildad y vida, no soberbia ni provecho propio; honra al Padre, no a quien predica. Cualquier camino que ponga a una persona en el lugar de Cristo, que niegue el amor, que busque dinero o poder, no es el camino a Dios. No te dejes engañar por los que prometen revelaciones nuevas o se exaltan a sí mismos; el único camino es Jesús, y su huella es siempre el amor. Quédate en el camino sencillo y seguro del Maestro.
El Libro de Urantia — Documento 196:1.4
El camino a Dios es el de Jesús, el hombre que vivió la voluntad del Padre en amor y servicio. No hay otro mediador ni otro nombre; quien sigue a Jesús y vive su amor camina seguro hacia el Padre, sin dejarse desviar por los que se exaltan a sí mismos.
Un camino con destino seguro
Lo hermoso de este camino es que tiene un destino seguro: la casa del Padre. Jesús no solo nos muestra el camino, sino que nos asegura a dónde lleva, y va delante de nosotros preparándonos lugar.
Juan 14:2-3
En la casa de mi Padre muchas moradas hay; voy, pues, a preparar lugar para vosotros. Y si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis.
El camino a Dios no termina en el vacío ni en la incertidumbre; termina en la casa del Padre, donde hay lugar para cada uno. Esto llena de esperanza nuestro caminar: por más difícil que sea el trayecto, sabemos a dónde vamos y que Jesús nos espera allá. La vida deja de ser un andar sin rumbo y se vuelve un caminar con destino, hacia los brazos del Padre. Por eso, aunque el camino tenga subidas y pruebas, no nos desanimamos; cada paso nos acerca a casa. El que camina con Jesús sabe que lo mejor le espera al final del camino.
¿Vives tu vida como un andar sin rumbo, o como un camino con destino seguro hacia el Padre?
Conclusión: camina con Jesús hacia el Padre
El camino a Dios no es una religión complicada ni un secreto reservado a unos pocos; es Jesús mismo. En Él vemos al Padre, un Padre de amor; por Él llegamos a Dios; con Él aprendemos a caminar amando. Es un camino abierto para todos, recorrido en el amor, guiado por el Espíritu, que pide solo que demos el primer paso y que termina, seguro, en la casa del Padre.
No te dejes engañar por los falsos caminos ni por los que se ponen en el lugar de Cristo; el camino es Jesús, y su huella es siempre el amor. Si te sientes lejos de Dios, levántate y da el paso de volver; el Padre ya viene corriendo a tu encuentro. Camina cada día siguiendo a Jesús, amando como Él amó, dejándote guiar por su Espíritu, y llegarás seguro al Padre. Porque Él lo dijo, y es verdad: yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí.
El camino a Dios es Jesús: síguelo, ama como Él amó, y llegarás seguro a la casa del Padre.