El camino fácil
Seguir a Jesús no es lo cómodo, sino lo que da vida
Conferencia espiritual
El cristianismo no es el camino fácil
Si buscas el camino fácil, no lo encontrarás en el seguimiento de Jesús. Tampoco le pidas a Dios que aumente tu fe si lo que quieres es una vida sin esfuerzo. Seguir a Cristo es lo más hermoso y lo que más vale la pena, pero no es lo más cómodo; es un camino estrecho, que pide entrega, pero que lleva a la vida verdadera.
Mateo 7:13-14
Entrad por la puerta estrecha; porque ancha es la puerta, y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos son los que entran por él; porque estrecha es la puerta, y angosto el camino que lleva a la vida, y pocos son los que lo hallan.
No podemos pretender seguir al Señor solo entre pastos delicados y aguas de reposo; para seguirlo, a veces hay que pasar también por el valle de sombra. El camino estrecho no es angosto porque Dios quiera hacérnoslo difícil, sino porque pide dejar atrás lo que nos esclaviza y caminar en el amor, y eso cuesta. Pero ese camino, aunque estrecho, lleva a la vida; el ancho, aunque cómodo, lleva a la nada. Vale la pena el camino que da vida.
¿Buscas en la fe lo cómodo, o estás dispuesto al camino estrecho que lleva a la vida?
No espectadores, sino protagonistas
El cristianismo no es para espectadores. La fe no es para los tibios que miran la obra de Dios desde la banca, como quien mira un espectáculo desde la tribuna. El desafío está en involucrarse, en ser parte, en poner las manos en la obra del amor.
Santiago 1:22
Pero sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos a vosotros mismos.
No venimos a la comunidad solo a ver al que predica o a saludar a los hermanos; venimos a ser parte de la obra de Cristo, a servir, a amar, a crecer. El que solo mira desde afuera se pierde lo mejor; el que se involucra descubre el gozo de ser útil. Pasa de espectador a protagonista: no de protagonista que busca lucirse, sino de hijo que se entrega a la obra del amor. Ahí, en la entrega, es donde la fe cobra vida y fuerza.
Atrévete a soñar para Dios
De niño quizá soñaste con ser médico, maestro o tantas cosas. Ahora, como hijo de Dios, ¿por qué no sueñas para Él? ¿Por qué no imaginas cómo te gustaría que tu vida diera fruto para Dios y para los demás?
Juan 15:16
No me elegisteis vosotros a mí, sino que yo os elegí a vosotros, y os he puesto para que vayáis y llevéis fruto, y vuestro fruto permanezca.
Dios te eligió para que lleves fruto que permanezca. Por eso, atrévete a soñar para Él: a imaginar la vida que Dios quiere darte, el bien que puedes hacer, las vidas que puedes tocar con su amor. Esos sueños, puestos en las manos de Dios, te ayudan a descubrir cómo cumplir su propósito. No te conformes con una fe pequeña y sin horizonte; sueña en grande para Dios, y déjate guiar por Él, que es poderoso para hacer mucho más de lo que pedimos o entendemos.
Efesios 3:20
Y a Aquel que es poderoso para hacer todas las cosas mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos, según el poder que actúa en nosotros.
¿Te has atrevido a soñar para Dios, o vives una fe pequeña y sin horizonte?
El siervo que enterró su talento
En la parábola de los talentos, el tercer siervo enterró el suyo. Dijo que lo hizo para no perderlo, pero en realidad lo enterró para no comprometerse, para no asumir la responsabilidad de usarlo. Buscaba su propia comodidad, no el bien de su señor.
Mateo 25:25
Por lo cual tuve miedo, y fui y escondí tu talento en la tierra; aquí tienes lo que es tuyo.
Cuántos hacen lo mismo: entierran lo que Dios les dio para no comprometerse, para vivir tranquilos, sin molestias. Pero esa comodidad es, en el fondo, el camino fácil que no lleva a ninguna parte. Los otros dos siervos amaban a su señor y quisieron hacer producir lo recibido; ellos sí soñaron y se entregaron. No entierres tus dones por comodidad ni por miedo; ponlos a producir por amor. El camino del que se entrega cuesta más, pero da fruto y alegría; el del que se esconde es cómodo, pero termina vacío.
Aprender obediencia a través de lo que vivimos
El camino de la fe incluye aprender a obedecer, a someter nuestra voluntad a la de Dios, confiando en que la suya es la mejor. Y eso se aprende con el tiempo, a veces a través de cosas que no nos agradan, que Dios usa para moldearnos.
Hebreos 5:8
Y aunque era Hijo, por lo que padeció aprendió la obediencia.
Hasta Jesús, siendo Hijo, aprendió la obediencia a través de lo que vivió. Muchas veces no entendemos por qué Dios permite ciertas pruebas o dificultades; pero, bien vividas, esas experiencias moldean nuestro carácter y nos enseñan a confiar. No es que Dios disfrute haciéndonos sufrir; es que en un mundo imperfecto las dificultades llegan, y Él las usa para hacernos crecer. Aprender a obedecer no es someterse por miedo, sino confiar en el amor de un Padre que sabe lo que es mejor. El camino fácil evita toda prueba; el camino que da vida la atraviesa de la mano de Dios y sale más fuerte.
El Libro de Urantia — Documento 100:4.2
Las dificultades afrontadas con fe son el medio por el cual el alma madura. Lo que parece un obstáculo se convierte en peldaño; la prueba bien vivida enseña la obediencia confiada y fortalece el carácter del hijo de Dios.
¿Ves las dificultades como un castigo a evitar, o como ocasión de crecer y aprender a confiar?
Dejarse guiar por el Espíritu
La vida cristiana cobra fuerza y victoria cuando nos dejamos conducir por el Espíritu de Dios. La Escritura contrapone dos maneras de vivir: según la carne, que lleva al vacío, o según el Espíritu, que lleva a la vida y a la paz.
Romanos 8:6
Porque el ocuparse de la carne es muerte, pero el ocuparse del Espíritu es vida y paz.
Para hallar la guía del Espíritu necesitamos depender de Dios en todo, y alimentarnos de su Palabra, donde encontramos su voluntad. Y cuando vivimos según el Espíritu, brotan de nosotros sus frutos: amor, gozo, paz, paciencia, bondad. Esos frutos no se pueden fingir ni imitar; nacen de una vida unida a Dios, como la savia que sube por la rama. El camino fácil sigue los impulsos de la carne; el camino que da vida se deja guiar por el Espíritu y da fruto que permanece. Déjate conducir por Él, y tu vida cobrará sentido y fuerza.
Gálatas 5:22-23
Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza.
El amor, el gozo y la paz verdaderos
El mundo busca el amor, el gozo y la paz por caminos fáciles que no sacian. Busca el gozo en el alcohol, en los excesos, en placeres que se acaban pronto y dejan más vacío; confunde la felicidad pasajera con el gozo verdadero. Pero el gozo que viene de Dios es distinto: no depende de las circunstancias, y permanece aun en medio de las lágrimas.
Filipenses 4:4
Regocijaos en el Señor siempre; otra vez digo: Regocijaos.
El amor verdadero solo se aprende conociendo a Cristo, porque el hombre por sí solo no puede cambiar su manera de amar; pero al experimentar el amor de Dios, aprendemos a amar de verdad. El gozo verdadero nace de saber que somos perdonados y amados por el Padre, y permanece aun en la prueba. Y la paz verdadera no es la del mundo, que se impone por la fuerza, sino la que Cristo nos da, que guarda el corazón aun en medio de las dificultades. Estas cosas no se hallan por el camino fácil, sino en la entrega a Cristo; pero una vez halladas, nada en el mundo las iguala.
Juan 16:33
Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo.
¿Buscas el gozo y la paz por los caminos fáciles del mundo, o en la entrega a Cristo que de verdad sacian?
La paz que nace de la entrega
La paz de Cristo no nos promete una vida sin problemas; nos promete su presencia en medio de ellos. Tendremos luchas y dificultades, pero también podremos tener su paz, si mantenemos la mirada en Él y no en los problemas.
Isaías 26:3
Tú guardarás en completa paz a aquel cuyo pensamiento en ti persevera, porque en ti ha confiado.
Desde nuestro lugar de hijos de Dios podemos derramar la vida al servicio de los demás, poner la otra mejilla, vencer el mal con la humildad del amor y no con la fuerza. Llevar a otros el amor de Dios es llevarles la paz. No esperemos un camino sin aflicciones; esa no es la paz que Dios promete. Su paz es la del corazón que descansa en Él aun en la tormenta, la del que ha puesto su pensamiento en Dios y confía. Esa paz no la da el camino fácil; la da la entrega confiada al Señor.
El amor de Dios cambia nuestra manera de amar
El ser humano, por sí solo, no puede cambiar su manera de amar; aprende a amar según los modelos que recibió. Por eso, quien creció sin amor, o herido, suele repetir lo que vivió. Solo el amor de Dios tiene poder para cambiar de raíz nuestra manera de amar.
1 Juan 4:19
Nosotros le amamos a él, porque él nos amó primero.
Le amamos porque Él nos amó primero. Ahí está el secreto: no aprendemos a amar a fuerza de voluntad, sino dejándonos amar por Dios. Cuando experimentamos su amor, ese amor nos transforma y nos enseña a amar de verdad, rompiendo las cadenas del egoísmo y de las heridas. Por eso el camino de Jesús no es el fácil de seguir nuestros impulsos, sino el de dejarnos amar y aprender a amar como Él. Ese amor sanador no se halla en la comodidad del mundo, sino en la intimidad con Cristo, que nos amó primero y nos enseña a amar.
¿Te dejas amar por Dios, para que su amor transforme tu manera de amar a los demás?
Madurar es dejarse gobernar por el Espíritu
Somos cristianos cuando rendimos la vida al señorío de Cristo, y nuestro desafío diario es someter nuestra voluntad a la suya, dejar al viejo hombre y vestirnos del nuevo. Eso es madurar: mostrar que el Espíritu no solo mora en nosotros, sino que gobierna nuestras acciones.
Colosenses 3:9-10
No mintáis los unos a los otros, habiéndoos despojado del viejo hombre con sus hechos, y revestido del nuevo, el cual conforme a la imagen del que lo creó se va renovando hasta el conocimiento pleno.
Despojarse del viejo hombre y vestirse del nuevo no se hace de golpe ni por el camino fácil; es la obra de toda una vida, en la que cada día rendimos nuestra voluntad a Dios y nos dejamos guiar por su Espíritu. Madurar espiritualmente es dar muestras al mundo de que la semilla que Dios sembró en nosotros cayó en buena tierra y, regada con oración y arrepentimiento sincero, da fruto. Ese fruto no se finge ni se imita; nace de una vida gobernada por el Espíritu. Ese es el camino que da vida: no el cómodo de seguir la carne, sino el de dejar que el Espíritu reine en nosotros.
El Libro de Urantia — Documento 143:2.7
El secreto del crecimiento está en dejar que el espíritu gobierne la vida. No se vence lo viejo solo a fuerza de voluntad, sino dejando que la nueva vida del espíritu desplace los antiguos deseos; así madura el alma, gobernada por Dios y no por la carne.
¿Dejas que el Espíritu gobierne tus acciones, o solo lo tienes morando sin que mande en tu vida?
Conclusión: el camino que da vida
El camino de Jesús no es el fácil, sino el que da vida. Es estrecho, pide entrega, no es para espectadores sino para los que se involucran; pide soñar para Dios, no enterrar los dones por comodidad, aprender a obedecer y a confiar aun en las pruebas, dejarse guiar por el Espíritu y buscar en Cristo el amor, el gozo y la paz verdaderos.
No busques en la fe lo cómodo; busca lo que da vida. Atrévete a entrar por la puerta estrecha, a ser protagonista y no espectador, a soltar lo que te ata y caminar en el amor. Cuesta más que el camino fácil, sí, pero al final del camino estrecho está la vida verdadera, la paz que el mundo no da y el gozo que nadie te puede quitar. Y nunca lo recorres solo: el que venció al mundo camina contigo.
El camino de Jesús no es el fácil, sino el que da vida: entra por la puerta estrecha y vívelo con entrega.